24 jul 2007
hurgando en la memoria
Obertura 2.
Mi boca irremediablemente ha quedado ciega, mis ojos ya no besan suavemente mis venas secas, piezas sueltas; de sueños adormilados, que susurran pieles, sin letras ni voces, y afortunadamente sin oídos. Caen las manzanas desnudas desde el fondo de la tierra, nosotros en medio de la extinción, sinfonías al azar espacios en blanco del mundo, paredes que respiran más profundo, que sueñan su respiro en el no retorno Vacío. Hoy amanezco descalzo, los muros se desquebrajan, cada violín en tu espalda y las fábulas desesperadas Café negro por la mañana el mundo por unos pasos un suspiro del silencio
14 jul 2007
La terrorífica nación Wii.
10 jul 2007
fase terminal
10 feb 2007
Nocturno
‘Nocturno’ es una pieza de gran manufactura, como extraído de uno de esos sueños inolvidables; con matices que te llevan desde la más profunda tristeza a un romanticismo explosivo. Con muy buenos arreglos, es excelente para el primer beso con la mujer de tu vida, para ver el amanecer después de haber mandado tu vida al carajo, y descubrir que no todo está tan mal, o para recorrer con un hielo la espalda de una porno star.
Escúchala en: http://www.myspace.com/circulosdelsamsara
7 feb 2007
Kapuscinski

Las grandes almas siempre se van de forma prematura, como si este mundo hubiera dejado de merecerlos; como si debieran partir, continuar su viaje de aprendizaje y enseñanza en otros planos existenciales.
Hay quienes tienen la labor de ser testigos de su tiempo, para luego narrarlo y dejar ese testimonio, esa huella para los que habrán de venir. Hay otros que en su vida se empeñan en tratar de hacer alguna diferencia, aunque sea para un puñado de personas, de aquellos que pasan desapercibidos por el grueso de la sociedad y de los burócratas. A pesar de que esto signifique muchas veces descuidar su propia persona, descuidar posibles beneficios personales, arriesgarse al juicio de la familia, en un mundo en el que el valor y el éxito se mide en términos monetarios, no humanos.
Afortunadamente lo que hace andar este mundo son esas personas que no se adaptan a un molde establecido socialmente, que no se ajustan ni agachan la mirada ante los convencionalismos, que no temen arriesgarse por sus convicciones e ir a contracorriente, aún a sabiendas que eso puede significar andar solo un largo trecho del camino.
La partida de Kapuscinski marca el final de una era, de un periodismo arriesgado y no condicionado por el poder (simbólico, económico o coercitivo). Periodista por oficio, historiador por convicción y cercano al Premio Nobel por la calidad de sus letras. Un verdadero trotamundos, alguien que borró fronteras, colaborador en periódicos de muchos países (en México para La Jornada), y ganador de un racimo de premios; en su natal Polonia fue nombrado el ‘Periodista del Siglo’; en 2003 le fue otorgado el Príncipe de Asturias.
Como en toda muerte la ausencia es lo más insoportable, en el caso de Kapuscinski esa ausencia es menos por el testimonio de la ‘fuerza poética de sus palabras’, por sus libros que seguirán siendo un referente fundamental para todo un gremio e inspiración para más de una generación. Pero aquellos que no dejaron su alma en un libro, también permanecen; en la mirada nostálgica de cada mañana, en esa silla vacía en el desayuno, en las oraciones de su compañera de vida, en su sombra que se deja ver aún por los rincones de la casa, en esa neblina de diciembre que no volverán a ver.
Las grandes almas siempre nos harán falta, porque 'pudieron' enseñarnos mucho más; después de marcarnos el camino, y mostrarnos un humanismo poco usual en nuestra era; a nosotros nos queda no dejar que se borren sus huellas, que sean cada vez más visibles, que su voz permanezca en la memoria de papel o en el eco que aún resuena en aquellos los rodearon.
Y así, no dejar que su lucha en contra del poder y la impunidad muera; como tantas personas lo han hecho en guerras que carecen de sentido, o simplemente por la falta de voluntad de quienes ostentan cargos públicos, de extender la mano a un desconocido.
A papá, en algún lugar del universo.
Cine de autor

Haciendo de lado los garrafales errores históricos (que por sí solos bastarían para exigirle a Gibson pidiera disculpas de rodillas al pueblo Maya) Apocalypto como película es una nulidad; con una fotografía, manejo de cámaras, guión, y actuaciones deplorables. La escenografía que tanto se pregonó, únicamente apareció por unos segundos; y así, la memorable cinta épica del ‘corazón valiente’ se diluyó en una aburrida persecución y un romance de la talla de una telenovela de Juan Osorio.
Ahora si nos adentramos un poco más, nos daremos cuenta de porqué tantas organizaciones y estudiosos de las culturas prehispánicas, y principalmente los herederos de esas tradiciones se sintieron humillados al manejo que hace Gibson de una de las culturas más importantes de la civilización. Con increíbles adelantos en ámbitos como la astronomía, la escritura, las matemáticas, la arquitectura, la medicina, por citar sólo algunos; son representados como bárbaros y sanguinarios. La escena del eclipse y la del cementerio a cielo abierto son claros ejemplos del desconocimiento, ya sea por ignorancia o rentabilidad en taquilla, de la cultura Maya, sin importar que sea una película de ficción, esa falta de respeto en el manejo del tema y la trivialización de una sociedad rica y compleja da asco; a Gibson debería darle pena lucrar con la desinformación mediática, que además es solapada por las autoridades de nuestro país, a cambio de unos dólares.
En Babel, no podía explicar porqué me incomodaba la película, a pesar de la complejidad de la producción, de los problemas y desvelos para aterrizar esa idea, que en ciertos aspectos es arriesgada; aún no sabía en que sentido, de qué forma, la película me dejaba un mal sabor de boca, por sobre la estética que es aceptable, las escenas que ya dejan ver en Iñárritu a un autor que puede pensar bien los conflictos, que va más allá de la narrativa convencional, y por demás cosas.
Ya no está más la sorpresa de cómo tejia historias en 'Amores', ni el brillante montaje (pese a las carencias de actuaciones e historia) en 21 gramos, en Babel solo queda la superproducción 'joligudense', pero ya no hay creatividad....solo le queda la complacencia, es como si se hubiera rendido al imperio. Me sorprendió como la crítica internacional le ha dado las nalgas, perdón, solo ha tenido elogios y ha catalogado a Babel como una obra de arte, multipremiada y taquillera.
El mal sabor de boca no se me va, no me abandonará al saber que la crisis del cine ha llegado a todos los rincones, quizás no haya escapatoria... y únicamente sobreviva en Greenaway o Park Chan Wook.
En cualquier manifestación del arte, es deplorable cuando se vuelve complaciente, como en Iñárritu que nos regaló un happy end para los gringos y japoneses... para los tercermundistas, sólo queda el desierto.
29 dic 2006
El país de los spots.
Terminó 2006 como un suspiro, como una mala película de ficción, como una realidad que no encaja y no cuadra. Ante miradas displicentes, voluntades perdidas que se dejan guiar por un monstruo omnipresente y despiadado... la televisión abierta, que como clara muestra del absurdo y la paradoja nacional, es hermética, controladora, que no deja margen a la alternativa.
El legado de Foxilandia, un gobierno que busca la legitimidad mediáticamente, mostrando en pantalla un panorama maravilloso lleno de esperanza y alegría, con mexicanos que sonríen sin importar su clase social o poder adquisitivo, con gente que cree firmemente en sus instituciones, en los gobernantes. Con monopolios que son dueños absolutos de todo, que manejan al país a su antojo sin que tengan una fuerza opositora real, con empresas que no pagan impuestos gracias al apoyo que le dieron a la campaña política de Calderón, y con funcionarios y legisladores que negocian como vender al mejor postor el patrimonio nacional.
México es uno en la televisión, y otro diametralmente opuesto en la realidad. Un México gris, sostenido por millones de trabajadores sin poder adquisitivo, que se endeudan toda su vida sólo para tratar de vivir dignamente. Sin mencionar aquellos (millones) que apenas y sobreviven con 20 pesos diarios o menos. Caminamos sin rumbo, con una Derecha represiva e intolerante. Y una izquierda que aún lucha por no fracturarse, por no quedarse en el recuerdo de lo que pudo ser.
Pasaron seis años del gobierno foxista como un abrir y cerrar de ojos. Aunque las heridas infringidas al país y a sus pobladores probablemente tengan secuelas a largo plazo. De la exitosa campaña publicitaria que colocó a Fox en la silla presidencial quedó una terrible obra teatral, una broma de mal gusto. Todo siempre de la mano de los spots, que de una forma descarada se burla de todos.
No se si importa ya el panorama desértico y desolador que le depara a millones de mexicanos, siempre que haya un spot de televisa y tv azteca que nos digan que ‘Si seguimos por el mismo camino’ todos seremos felices.
30 nov 2006
María
1 nov 2006
mientras...
'ladrón de bicicletas'
Vivo en blanco y negro, en un recuerdo lejano, donde los sueños quedan fuera de toda memoria, de toda realidad. Mis pasos titubeantes se mezclan con las penas monstruosas, con los ecos agonizantes que se dejan caer. Mi herencia inventada. Mi rostro fragmentado.
Entonces me vuelvo una mezcolanza repentina. ¿Qué nadie se da cuenta que camino al abismo? Yo sí, lo sé. Aún así, me aferro fuerte a tu mano. Hasta que mis células sean devoradas por los gusanos galácticos, por ángeles negros que respiran detrás de nosotros.
Me detengo. Veo caer las cuchillas desde el cielo, que me rebanan el alma. La fragmentan para su disección. ¿Esto quiere decir ‘x’, y aquello ‘y’? El alma disecada y estudiada, peor aún, hecha palabras. La decadencia abrumadora de seres que no saben cuando detenerse, que no saben que hay misterios que no deben comprenderse, ni siquiera el intento.
Mi respiro sigue atrapado en una foto.
Y mis manos no envejecen, tan sólo son olvidadas. Pero ni siquiera yo sé cuántas veces he vivido la misma vida, las mismas cosas, los mismos lugares, las mismas pláticas... se repiten tanto que se vuelven absurdas.
¿Cuándo será el día que el mercado esté vacío? ¿Cuándo las calles se llenarán de colores, de ruidos y risas que me vuelvan loco? ¿Cuándo descubriré que sí existe algo más allá de esta pantalla donde en cada vida mía los extraños se sientan a contemplar mi alma repitiéndose?.
Me agarro más fuerte de tu mano, porque ahora es cuando comienzo a tener miedo.
18 oct 2006
cuarto para las doce
1 oct 2006
En memoria de.
amanecer
8 sep 2006
día laboral
5 sep 2006
De luto
3 sep 2006
La caída de la esperanza: ‘Apuntes de una lucha en la que ya nadie cree’
México es un país en el que se nos permite soñar, quizás como re-medio para evadir la realidad, quizás como medio para darnos fuerza y seguir adelante, o quizás como única forma de no enloquecer. Nacimos hace siglos como una raza de guerreros, como conquistadores, grandes constructores y pioneros en descubrir los misterios de las estrellas y de la Tierra. Ésa es nuestra herencia olvidada. Al llegar los españoles nos arrancaron sangrientamente nuestro pasado, nuestras riquezas, dejándonos a cambio una herida que aún no cierra y permanece viva en cada uno de nosotros. No podemos quitarnos de encima el “complejo de inferioridad” que nos dejó la Conquista. El país ha sufrido constantes cambios. El concepto de ciudadanos, también. Luego de la Revolución, el imaginario colectivo se ilusionó con una nación de igualdades, donde el desarrollo fuera imparable. Nos equivocamos. En 1968, con una gran fortaleza económica y con una dictadura intolerable, obreros y estudiantes levantaron su voz, y aunque quisieron acallarla con armas, no fue posible. Esa voz aún perdura, lamentablemente sólo es un recuerdo lejano que ya no inspira más que portadas en diarios o notas televisivas, sólo una anécdota. México pugnaba por una nueva Revolución, por un cambio. 1988 lo representaba, ese día estaba destinado, para muchos, a pasar a la historia como el amanecer de un nuevo país. Pese a los pronósticos, la realidad fue otra. Un ataque frontal a la democracia marcó al pueblo, ahora lleno de dudas e incertidumbre. Seis años después, despertábamos con un Chiapas en guerra. Un levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional dejaba en evidencia un sistema político excluyente, ignorante de nuestras raíces que, en su camino a la globalización, ahogaba en la pobreza a millones. El país estaba dividido. Por un lado, estaba el México que anhelaba el ‘american way of life’, sentado indiferente frente al televisor, su realidad era la que le dictaban los noticieros. Por otro lado, estaba el México que tenía la fuerza suficiente para protestar, esa fuerza que le daba el hambre, solitarios en su lucha. Un año más tarde, el espejismo de un país “primer mundista” se desvaneció y millones de personas perdieron su patrimonio. Aquello que habían construido durante décadas de esfuerzo se esfumaba ante una banca despiadada. Muchos quedaron en la calle, otros apenas podían sobrevivir. Mientras, el culpable se escapaba sin ningún remordimiento y total impunidad. El nuevo siglo traía consigo, según los conocedores, las elecciones presidenciales “más democráticas de la historia”, interminables campañas electorales y las ciudades bañadas de propaganda. Fox, Labastida y Cárdenas se vendían como muñecos de acción en todas las jugueterías. Parecía que el país retomaría el rumbo. El dinosaurio se tambaleaba. El día había llegado, el 2 de julio fue la caída de la dictadura, al menos en apariencia. La nación estaba centrada en una figura que cada día cobraba más el aspecto de una simple caricatura política. Los discursos del cambio se olvidaban. La mirada de esperanza en los mexicanos, se apagaba. Operamos con una total pérdida de memoria y conciencia. El conformismo social se construye sobre estructuras mentales complacientes, mutando la condición humana y negando su naturaleza ética. Entregamos la voluntad dejando de lado nuestra conciencia y la capacidad de actuar y pensar. Vamos construyendo la realidad de a poco, adoptando conductas que inhiben la conciencia, conforme se nos ha enseñado desde que nacimos. La sociedad, con sus múltiples cabezas, han creado un sistema extremadamente complejo que no se puede percibir a primera vista. Su articulación en nuestra vida cotidiana está determinada por la creación de valores artificiales y símbolos que justifican la privación de nuestra capacidad de razonar, para así poder encajar. Sin conciencia, el hombre navega a la deriva en un mundo que ya no es suyo. El espíritu ha sido desarticulado lentamente por un estilo de vida, años y años de educación dentro de un sistema del que parece no haber escapatoria, dominado por las macroeconomías. Todo inicia desde la niñez, con uno de los inventos más extraordinarios de la humanidad, “la caja idiota” ya no lo es más, se ha vuelto una caja malévola, un instrumento para infundir terror e incertidumbre disfrazado de programación hueca e insabora, quizás inocente. Porque esas horas dedicadas a la televisión son las que se nos van restando de nuestras vidas. Perdemos vivencias, que son sustituidas por una apatía sistemática. La extrema complejidad del hombre, sus culturas, sus historias de grandeza y sus derrotas, sus tradiciones, es reducida a un “reality show”. Somos autocomplacientes. Los incidentes del 11 de septiembre, del 11 de marzo y del 7 de julio, han mostrado la capacidad que tenemos de matarnos unos a los otros, sin miramientos. Días enteros dedicados a los trágicos sucesos. Un australiano, un japonés o un oaxaqueño se lamentan y sufren igual tras la pantalla. Podemos, mediáticamente, preocuparnos por el terrorismo; sin embargo, las batallas que vivimos cotidianamente -las indígenas chiapanecas en los semáforos, los indigentes durmiendo en las centrales de autobuses, los niños prostituidos en parques, las negligencias médicas o burocráticas- no despiertan en nosotros más que una molestia recurrente. Vivimos absortos en nuestros celulares, en la internet, en home theaters y ipods. Ignoramos todo aquello que signifique dejar nuestra comodidad. Hemos, pues, caído en un conformismo social: estructuras mentales colectivas y pérdida de los valores humanos. Ya que mientras nuestros micro entornos sociales estén medianamente bien, lo demás, no nos importa. La desarticulación del pensamiento crítico es una opción del poder que se fundamenta en la cohesión y control social de las nuevas formas del pensar dentro del sistema. Por ello, el que le otorguemos legitimidad y que lo asimilemos como nuestros nuevos valores, es tan importante para los grupos de poder. Decía Octavio Paz que somos la creación de aquello que vemos. Hoy día, estamos codificados a través de maquilas del alma, de las cuales salimos seriados. Se ha borrado la historia, nos han negado la capacidad de desarrollar nuestra subjetividad. La identidad nacional fue arrebatada: por Mc Donald’s, Coca-Cola, Nike, Levi’s, Hollywood o CNN. Cada día los niños se vuelven adultos a una edad más temprana, los adultos permanecen en un estado en el que se niegan a madurar, y los jóvenes menores de 18 años, sólo son clones sin voluntad sometidos a MTV. Somos robots felices. Ya no tenemos voz propia, nos hemos dejado seducir por la manipulación de los medios, la opinión pública no es más que la invención de unos cuantos. El mundo gira alrededor de la política y el derecho. Y el trasfondo de éstos son los spots publicitarios. Los partidos políticos configuran el mercado electoral y, por medio de mensajes atractivos, son capaces de atraer consumidores. Compramos promesas de campaña, y lo pagamos muy caro. Si nuestro destino era la grandeza que debimos heredar de los Mayas o los Aztecas, hoy lo negamos tajantemente. No fuimos capaces de soportar esa grandeza en nuestras espaldas, y optamos por el camino fácil. La maquinaria del conformismo social es compacta, es capaz de aislar protestas o levantamientos, su poder es tal que con sólo ignorarlo es suficiente, nuestra ceguera se expande hasta nuestros sentidos, secando nuestro corazón. Por otro lado, los contextos educativos deben ser por obligación un contrapeso del poder hegemónico. Si el EZLN tuvo la fuerza y la organización para exigir justicia y redimir lo que nos corresponde como nación, es porque no están contaminados por el conformismo y la autocomplacencia. Es necesario sembrar valores para recuperar nuestra esencia humana, debemos encontrar la forma de integrar nuestras raíces mexicanas con la globalización, reivindicarnos como nación. Quizás sea tiempo de levantarnos y hacer escuchar nuestra voz, antes que la llama se extinga, la caída de la esperanza puede ser detenida.