29/12/2006

El país de los spots.

Terminó 2006 como un suspiro, como una mala película de ficción, como una realidad que no encaja y no cuadra. Ante miradas displicentes, voluntades perdidas que se dejan guiar por un monstruo omnipresente y despiadado... la televisión abierta, que como clara muestra del absurdo y la paradoja nacional, es hermética, controladora, que no deja margen a la alternativa. El legado de Foxilandia, un gobierno que busca la legitimidad mediáticamente, mostrando en pantalla un panorama maravilloso lleno de esperanza y alegría, con mexicanos que sonríen sin importar su clase social o poder adquisitivo, con gente que cree firmemente en sus instituciones, en los gobernantes. Con monopolios que son dueños absolutos de todo, que manejan al país a su antojo sin que tengan una fuerza opositora real, con empresas que no pagan impuestos gracias al apoyo que le dieron a la campaña política de Calderón, y con funcionarios y legisladores que negocian como vender al mejor postor el patrimonio nacional. México es uno en la televisión, y otro diametralmente opuesto en la realidad. Un México gris, sostenido por millones de trabajadores sin poder adquisitivo, que se endeudan toda su vida sólo para tratar de vivir dignamente. Sin mencionar aquellos (millones) que apenas y sobreviven con 20 pesos diarios o menos. Caminamos sin rumbo, con una Derecha represiva e intolerante. Y una izquierda que aún lucha por no fracturarse, por no quedarse en el recuerdo de lo que pudo ser. Pasaron seis años del gobierno foxista como un abrir y cerrar de ojos. Aunque las heridas infringidas al país y a sus pobladores probablemente tengan secuelas a largo plazo. De la exitosa campaña publicitaria que colocó a Fox en la silla presidencial quedó una terrible obra teatral, una broma de mal gusto. Todo siempre de la mano de los spots, que de una forma descarada se burla de todos. No se si importa ya el panorama desértico y desolador que le depara a millones de mexicanos, siempre que haya un spot de televisa y tv azteca que nos digan que ‘Si seguimos por el mismo camino’ todos seremos felices.

30/11/2006

María

Era la tercera botella de vodka, el quinto churro de marihuana. Tres días seguidos bebiendo y no le veía fin. Creo que no tenía motivo para detenerme; es decir, qué diferencia hay con hacer cualquier otra cosa. En días como esos, la oscuridad es aterradora, nada comparado con la pureza de la noche, la perfecta armonía de una calle a las cuatro de la mañana, o el cuerpo de María envuelta en sábanas de sudor y recuerdos. Cuando abrí los ojos, estaba sentado en la parada del autobús, junto a una anciana que veía en mí a un vagabundo, a un desadaptado social. El calor era sofocante. Me levanté y quise ir a mi casa, pero no sabía dónde estaba. Entonces tomé un taxi. Cuando bajé estaba todo pegajoso y mi cabeza iba a explotar. Al entrar a casa me abalancé sobre la cama. Nunca supe exactamente cuántos días dormí. El hambre de mi gato me despertó, lo único que María no se había llevado. Después de beber tanto alcohol era necesario un regaderazo. Pero estaba demasiado cansado; además, antes debía limpiar ese odioso color rojo que dejó la sangre de María en el baño. Después de eso, ya pensaré con más tranquilidad qué hacer con su cuerpo.

01/11/2006

mientras...

Fue un largo viaje, caminé desde Saturno para encontrarte. Sin importar los sinsabores, las lluvias y los aventones que nunca me dieron por mi aspecto descuidado. Tan sólo ayer me decías que para mí sería fácil enamorarme, que tan sólo me bastaría una piel sabor a coco. Te equivocaste. No tengo que decir que desde que te vi, sólo he estado esperando el momento en que me cortes el cuerpo y cada extremidad sea arrancada de mi ser con tijeras, con palabras. Mientras, te seguiré hasta el más helado de los infiernos; y en los días más fríos usaré doble calcetín, para no enfermarme, y así no contagiarte la gripa. Te dejaré excavar dentro de mi piel, a través de mis venas; también dejaré que seques mi cuerpo, que lo dejes sin sangre, ni una gota. A cambio de tu primera mirada del día. Un segundo dura el amor verdadero, lo que nos queda a nosotros es un recuerdo borroso, liviano. Mientras, yo no me canso de contarte a qué suena la melodía de la tormenta nocturna. Mientras los mitos se inventan en tu respiro, pero yo sólo te lo cuento en sueños, mientras te veo dormir.

'ladrón de bicicletas'

Vivo en blanco y negro, en un recuerdo lejano, donde los sueños quedan fuera de toda memoria, de toda realidad. Mis pasos titubeantes se mezclan con las penas monstruosas, con los ecos agonizantes que se dejan caer. Mi herencia inventada. Mi rostro fragmentado. Entonces me vuelvo una mezcolanza repentina. ¿Qué nadie se da cuenta que camino al abismo? Yo sí, lo sé. Aún así, me aferro fuerte a tu mano. Hasta que mis células sean devoradas por los gusanos galácticos, por ángeles negros que respiran detrás de nosotros. Me detengo. Veo caer las cuchillas desde el cielo, que me rebanan el alma. La fragmentan para su disección. ¿Esto quiere decir ‘x’, y aquello ‘y’? El alma disecada y estudiada, peor aún, hecha palabras. La decadencia abrumadora de seres que no saben cuando detenerse, que no saben que hay misterios que no deben comprenderse, ni siquiera el intento. Mi respiro sigue atrapado en una foto. Y mis manos no envejecen, tan sólo son olvidadas. Pero ni siquiera yo sé cuántas veces he vivido la misma vida, las mismas cosas, los mismos lugares, las mismas pláticas... se repiten tanto que se vuelven absurdas. ¿Cuándo será el día que el mercado esté vacío? ¿Cuándo las calles se llenarán de colores, de ruidos y risas que me vuelvan loco? ¿Cuándo descubriré que sí existe algo más allá de esta pantalla donde en cada vida mía los extraños se sientan a contemplar mi alma repitiéndose?. Me agarro más fuerte de tu mano, porque ahora es cuando comienzo a tener miedo.

18/10/2006

cuarto para las doce

Al cuarto para las doce la sequía inundaba los espacios del tiempo, caminaba por entre las orillas de la desesperanza y la idolatría a los aparadores. Los sencillos parlamentos de la infancia se perdían en los engaños de cada día, de una vida cotidiana que era cada vez más inhumana, más errática y efímera. Ahora los brillantes amaneceres de diciembre sólo eran amaneceres, ahora los calificativos de asombro ya no existían. Pero cualquier intento por reflexión era enterrar la daga más profundo a un tormento insostenible, por debajo de las paredes de la memoria, escondida en días soñados que no habrán de llegar. ¿Y si por un momento dejara lo abstracto y empezara a recobrar mi piel y algún órgano, quizás empezaría a vivir nuevamente? ¿Si por un momento este rompecabezas despiadado nos otorgara libertad y no tan sólo ilusiones de un paraíso burdo? Me encuentro casi al exilio de las almas. Negándome a escuchar los llamados de los espíritus. En la oscuridad, los espectros rondaban intentando romper los resquicios de mi mente. Ruido. Mucho ruido. Casi he dejado de escuchar mi propia voz. Entonces no comprendo cómo puedo seguir adelante, no entiendo para qué. Pronunciar tu nombre es un artificio poco elegante que le resta importancia a la pérdida de tu cuerpo entre mis sábanas. El reloj se vuelve, como cada día, mi enemigo más despiadado, no da pie a una tregua. No da pie a nada. Me arrebata mis respiros sin ninguna contemplación, me arrebata mis años, mis sueños. Los desvelos han comenzado a cobrar factura. Creo que estoy enloqueciendo, entre miradas desesperadas y ausentes. Entre días y planes que no llegarán. Entonces me levanto como cada día, esperando que algo extraordinario cambie mi dirección y me regrese al camino trazado. Pero cuando dan cuarto para las doce, me doy cuenta que sigo atrapado en el espejismo. Y vuelvo como loco a dar vueltas alrededor de mi mente, esperando liberar la sustancia correcta que minimice mi dolor, un dolor no insoportable, pero que me agota a cada paso, con cada amanecer. Mis huesos están más destrozados ahora que por las noches de borrachera y porro, por los días sin comida y gases tóxicos. La falta de esperanza es más aterradora, más despiadada.

01/10/2006

En memoria de.

Mi hermana me decía que siempre estamos invadidos por la nostalgia, que recordamos el ayer como una vieja película en blanco y negro. Los fragmentos del pasado estaban regados por los rincones de la casa, aferrándose a no ser olvidados, a ser conscientes en la mirada. La neblina impregnaba la habitación, de días gloriosos y algunos oscuros. Las imágenes se aferraban a las paredes, entonando viejas canciones de cantina. Hasta que todo se fundió en una masa nebular y explotó. Creó mi universo. A la mañana siguiente estabas tú, desayunando con mis amigos de la infancia, contando malos chistes. Al acercarme mi hermana me abrazó por la espalda, y me susurró al oído: ‘regresé’.

amanecer

Eran las tres de la mañana, yo estaba desorientado. En un abrir y cerrar de ojos ya era domingo y no más jueves. Mi cama parecía un pequeñ lago en primavera, y yo no paraba de sudar. Jadeaba muy fuerte mientras me desvanecía en los murmullos de la luna. En un callejón marrón con casas difuminadas y corroídas, me di la vuelta para que el sol Van Gogh no me diera de lleno en mi cara de vinil; cuando de mi cuerpo salió mi alma de golpe, tajante. El mismo rostro, la misma apariencia, sólo que parecía más joven y liviano. Me miró o lo miré, con un odio amoroso. Y cuando quise hablarle se echó a correr. Traté de seguirlo, pero desistí a las pocas cuadras. La oscura noche como la mirada de ella traspasaba mi respiro, caminé desorientado entre noctámbulos y locos, hasta llegar a la estación del tren. Compré un boleto. Me senté a esperar. Un cuerpo sin espíritu percibe pero no siente. Nada va más allá. Es como si ya no hubiera eternidad, sólo inmediatez y pragmatismo, ya no más recuerdos. Las horas se descomponían y mi búsqueda carecía de esperanza. Las horas en su desvelo, desconsoladas. Y mi andar fatigado reprimía otro grito de furia. No quise abordar el tren. No pude alejarme de mi agonía de envestidura celestial, del llanto de la noche que sueña con ruinas olvidadas. Bajé entonces al templo, a la orilla del mar, en busca de alguna respuesta. Mojé mis pies con lágrimas de almas en pena. Cuando llegué a las puertas de templo, una lluvia de estrellas cayó sobre mi espalda, fulminando los recuerdos más añejos, aquellos que a veces se clavan en la piel y los huesos perecederos. Caminé en medio de ángeles desnudos que pedían perdón, hincados en oración sangraban por los poros. Cuando llegué al altar me esperaba mi alma, se dirigió hacia mi y se despidió con un gesto de gratitud. Se dio la vuelta y desapareció. Abandonado, me quedé a dormir en el templo hasta la mañana siguiente. Emprendí entonces el camino de regreso, fatigoso y tambaleante. Llegué a la ciudad desierta y recorrí sus calles corroidas, sin ecos. No tuve más remedio que regresar a mi cama.

08/09/2006

día laboral

Mi niñez se ahoga en un grito punzante
Entre ruidos de máquinas, naturaleza artificial En el sonido del checador y la monotonía del regreso a casa Sangra Los últimos recuerdos se pierden En ese odioso despertador

05/09/2006

De luto

Un minuto de silencio. La democracia fue asesinada. ¿Quién dio el tiro de gracia?, el TEPJF; pero Televisa, Fox y los empresarios ya habían desangrado al país. Un minuto más, por los millones de mexicanos que seguirán pasando hambre, y se ahogarán en un mar de spots mediáticos. Otro, por los que morirán en la frontera. Otro por los que ya han muerto en complacencia de la ineficacia e inoperancia del gobierno foxista. ¡Vamos bien! ¡Qué no quepa la menor duda!, esas frases que escuché hasta el hartazgo estos días, confirmaron que las cúpulas del poder sellaron muy bien sus acuerdos. México está secuestrado. Y es violentamente torturado. Caminemos sobre los escombros de la democracia y las instituciones, caminemos sobre los cadáveres y la sangre de quienes dejaron su vida por el país que hoy le pertenece a un puñado. Bienvenidos a la era de los spots, de la realidad simulada, de la dictadura disfrazada de democracia, de una política teatral.

03/09/2006

La caída de la esperanza: ‘Apuntes de una lucha en la que ya nadie cree’

México es un país en el que se nos permite soñar, quizás como re-medio para evadir la realidad, quizás como medio para darnos fuerza y seguir adelante, o quizás como única forma de no enloquecer. Nacimos hace siglos como una raza de guerreros, como conquistadores, grandes constructores y pioneros en descubrir los misterios de las estrellas y de la Tierra. Ésa es nuestra herencia olvidada. Al llegar los españoles nos arrancaron sangrientamente nuestro pasado, nuestras riquezas, dejándonos a cambio una herida que aún no cierra y permanece viva en cada uno de nosotros. No podemos quitarnos de encima el “complejo de inferioridad” que nos dejó la Conquista. El país ha sufrido constantes cambios. El concepto de ciudadanos, también. Luego de la Revolución, el imaginario colectivo se ilusionó con una nación de igualdades, donde el desarrollo fuera imparable. Nos equivocamos. En 1968, con una gran fortaleza económica y con una dictadura intolerable, obreros y estudiantes levantaron su voz, y aunque quisieron acallarla con armas, no fue posible. Esa voz aún perdura, lamentablemente sólo es un recuerdo lejano que ya no inspira más que portadas en diarios o notas televisivas, sólo una anécdota. México pugnaba por una nueva Revolución, por un cambio. 1988 lo representaba, ese día estaba destinado, para muchos, a pasar a la historia como el amanecer de un nuevo país. Pese a los pronósticos, la realidad fue otra. Un ataque frontal a la democracia marcó al pueblo, ahora lleno de dudas e incertidumbre. Seis años después, despertábamos con un Chiapas en guerra. Un levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional dejaba en evidencia un sistema político excluyente, ignorante de nuestras raíces que, en su camino a la globalización, ahogaba en la pobreza a millones. El país estaba dividido. Por un lado, estaba el México que anhelaba el ‘american way of life’, sentado indiferente frente al televisor, su realidad era la que le dictaban los noticieros. Por otro lado, estaba el México que tenía la fuerza suficiente para protestar, esa fuerza que le daba el hambre, solitarios en su lucha. Un año más tarde, el espejismo de un país “primer mundista” se desvaneció y millones de personas perdieron su patrimonio. Aquello que habían construido durante décadas de esfuerzo se esfumaba ante una banca despiadada. Muchos quedaron en la calle, otros apenas podían sobrevivir. Mientras, el culpable se escapaba sin ningún remordimiento y total impunidad. El nuevo siglo traía consigo, según los conocedores, las elecciones presidenciales “más democráticas de la historia”, interminables campañas electorales y las ciudades bañadas de propaganda. Fox, Labastida y Cárdenas se vendían como muñecos de acción en todas las jugueterías. Parecía que el país retomaría el rumbo. El dinosaurio se tambaleaba. El día había llegado, el 2 de julio fue la caída de la dictadura, al menos en apariencia. La nación estaba centrada en una figura que cada día cobraba más el aspecto de una simple caricatura política. Los discursos del cambio se olvidaban. La mirada de esperanza en los mexicanos, se apagaba. Operamos con una total pérdida de memoria y conciencia. El conformismo social se construye sobre estructuras mentales complacientes, mutando la condición humana y negando su naturaleza ética. Entregamos la voluntad dejando de lado nuestra conciencia y la capacidad de actuar y pensar. Vamos construyendo la realidad de a poco, adoptando conductas que inhiben la conciencia, conforme se nos ha enseñado desde que nacimos. La sociedad, con sus múltiples cabezas, han creado un sistema extremadamente complejo que no se puede percibir a primera vista. Su articulación en nuestra vida cotidiana está determinada por la creación de valores artificiales y símbolos que justifican la privación de nuestra capacidad de razonar, para así poder encajar. Sin conciencia, el hombre navega a la deriva en un mundo que ya no es suyo. El espíritu ha sido desarticulado lentamente por un estilo de vida, años y años de educación dentro de un sistema del que parece no haber escapatoria, dominado por las macroeconomías. Todo inicia desde la niñez, con uno de los inventos más extraordinarios de la humanidad, “la caja idiota” ya no lo es más, se ha vuelto una caja malévola, un instrumento para infundir terror e incertidumbre disfrazado de programación hueca e insabora, quizás inocente. Porque esas horas dedicadas a la televisión son las que se nos van restando de nuestras vidas. Perdemos vivencias, que son sustituidas por una apatía sistemática. La extrema complejidad del hombre, sus culturas, sus historias de grandeza y sus derrotas, sus tradiciones, es reducida a un “reality show”. Somos autocomplacientes. Los incidentes del 11 de septiembre, del 11 de marzo y del 7 de julio, han mostrado la capacidad que tenemos de matarnos unos a los otros, sin miramientos. Días enteros dedicados a los trágicos sucesos. Un australiano, un japonés o un oaxaqueño se lamentan y sufren igual tras la pantalla. Podemos, mediáticamente, preocuparnos por el terrorismo; sin embargo, las batallas que vivimos cotidianamente -las indígenas chiapanecas en los semáforos, los indigentes durmiendo en las centrales de autobuses, los niños prostituidos en parques, las negligencias médicas o burocráticas- no despiertan en nosotros más que una molestia recurrente. Vivimos absortos en nuestros celulares, en la internet, en home theaters y ipods. Ignoramos todo aquello que signifique dejar nuestra comodidad. Hemos, pues, caído en un conformismo social: estructuras mentales colectivas y pérdida de los valores humanos. Ya que mientras nuestros micro entornos sociales estén medianamente bien, lo demás, no nos importa. La desarticulación del pensamiento crítico es una opción del poder que se fundamenta en la cohesión y control social de las nuevas formas del pensar dentro del sistema. Por ello, el que le otorguemos legitimidad y que lo asimilemos como nuestros nuevos valores, es tan importante para los grupos de poder. Decía Octavio Paz que somos la creación de aquello que vemos. Hoy día, estamos codificados a través de maquilas del alma, de las cuales salimos seriados. Se ha borrado la historia, nos han negado la capacidad de desarrollar nuestra subjetividad. La identidad nacional fue arrebatada: por Mc Donald’s, Coca-Cola, Nike, Levi’s, Hollywood o CNN. Cada día los niños se vuelven adultos a una edad más temprana, los adultos permanecen en un estado en el que se niegan a madurar, y los jóvenes menores de 18 años, sólo son clones sin voluntad sometidos a MTV. Somos robots felices. Ya no tenemos voz propia, nos hemos dejado seducir por la manipulación de los medios, la opinión pública no es más que la invención de unos cuantos. El mundo gira alrededor de la política y el derecho. Y el trasfondo de éstos son los spots publicitarios. Los partidos políticos configuran el mercado electoral y, por medio de mensajes atractivos, son capaces de atraer consumidores. Compramos promesas de campaña, y lo pagamos muy caro. Si nuestro destino era la grandeza que debimos heredar de los Mayas o los Aztecas, hoy lo negamos tajantemente. No fuimos capaces de soportar esa grandeza en nuestras espaldas, y optamos por el camino fácil. La maquinaria del conformismo social es compacta, es capaz de aislar protestas o levantamientos, su poder es tal que con sólo ignorarlo es suficiente, nuestra ceguera se expande hasta nuestros sentidos, secando nuestro corazón. Por otro lado, los contextos educativos deben ser por obligación un contrapeso del poder hegemónico. Si el EZLN tuvo la fuerza y la organización para exigir justicia y redimir lo que nos corresponde como nación, es porque no están contaminados por el conformismo y la autocomplacencia. Es necesario sembrar valores para recuperar nuestra esencia humana, debemos encontrar la forma de integrar nuestras raíces mexicanas con la globalización, reivindicarnos como nación. Quizás sea tiempo de levantarnos y hacer escuchar nuestra voz, antes que la llama se extinga, la caída de la esperanza puede ser detenida.

02/09/2006

Bisoño, el intelectual

Luego de una larga noche de insomnio y una que otra pesadilla, me encontré tirado en la cama por la mañana, con el control en la mano y cambiando el canal de la televisión a diestra y siniestra como en mis mejores días de infancia. Por alguna extraña razón (probablemente se deba a las hormonas), me quedé viendo un rato el programa “Tempranito” que transmite TV Azteca donde este personaje afeminado de nombre Daniel Bisoño suele hacerse acompañar por dos co-conductoras de gran belleza, además de un sin fin de modelos que afortunadamente para nosotros captan la atención con la poca ropa que portan. Justo en el momento que le quite el “mute” me encontré con esta niña pelirroja que hacía agudos comentarios a Bisoño sobre el puntual y excelente informe que había presentado el presidente Fox, como salido de la dimensión desconocida, llegué a pensar que todo era producto de mi falta de sueño; pero estos personajes acartonados de la televisión seguían hablando sobre el logro de la democracia y el mal obrar de los legisladores perredistas al impedirle al benévolo Vicentico hablar en la tribuna del legislativo de los pasos agigantados con los que avanza el país, de los grandes logros de su administración. El clímax llegó cuando el ahora intelectual Bisoño exigía la libertad de expresión que con tanto trabajo había logrado Chente Fox y que ahora estaba secuestrada por unos bándalos con hambre de poder, para luego terminar con unas fanfarrias y un ¡que viva el presidente Fox!, donde todo el público aplaudía enajenadamente. Entonces tristemente decidí no ver más televisión. Entendí a la mala que este país renunciaba a su grandeza histórica, que nos seguiríamos conformando con mediocridades, con gobiernos que saquean al pueblo sin que nadie los detengan y además sonríen para la foto y le dicen a la prensa, vamos por buen camino. Cuando leí la terrible novela “1984” aquella donde el gran hermano, El Estado, tomaba control de la vida pública y privada de la sociedad y de cada individuo, nunca creí llegar a verlo, nunca creí que el hombre llegara a esos extremos; pero lo que vi en la televisión esta mañana no estaba alejado de esa ficción que creó George Orwell. A todas horas, en cada programa de televisión los ilustres locutores de programas de televisa y televisión azteca nos saturan con sus reclamos hacia quienes tomaron el centro de la Ciudad de México, aquellos que no respetan la democracia, aquellos indios violentos y nacos que ensucian y son manipulados por López Obrador, nos dictan que sentir y pensar, lo abominable de estos es que hay mucha gente que les cree, ya que para muchos la T.V. es su único acceso a la realidad fuera del agotador trabajo y los problemas económicos. Los prestigiados diarios de Estados Unidos hacen lo propio y recomiendan a la resistencia civil ceder y dejar que Calderón asuma la Presidencia por el bien del país y de la democracia. Aunque no mencionan lo fraudulentas de sus dos últimas elecciones presidenciales dónde Bush ganó ilegítimamente. Dónde hubo electores que no aparecían en el padrón, compra de votos y una campaña mediática del miedo bien instrumentada apoyada por el aparato gubernamental (¿A alguien le suena familiar?). No me preocupa que Calderón sea presidente, -ese wey me vale madres-, ni tampoco Obrador, quien no es santo de mi devoción. Lo que me tiene desangelado es que el país se hunde y que seguimos peleando entre nosotros, bueno en realidad los políticos siguen peleando entre ellos para llevarse el mayor botín, mientras nosotros seguimos condicionados por los programas televisivos dónde perritos pavlovianos como Bisoño y sus acompañantes de gran belleza (además de un sinfín de nuevos intelectuales de televisa) y poca capacidad reflexiva hablan desenvueltamente de los logros de un país que ha sido masacrado, mutilado, saqueado a lo largo de su historia. La televisión es un medio muy peligroso, insertado en cada casa del país hace manipulables y moldeables a quienes se les ha negado una educación a cambio de spots que dicen lo que Fox, el IFE y los empresarios que se pudren en dinero quieren y les conviene que creamos.
La televisión y los medios impresos han sido usados como instrumentos del y para el poder. La realidad es lo que estamos dispuestos a ver, vemos un zócalo tomado por la resistencia civil, pero no vemos unos medios de comunicación secuestrados por grupos de poder; vemos a un peligroso López Obrador, pero no vemos a una cúpula panista que en seis años ha acumulado tanto poder como para desmantelar al país y venderlos por partes al mejor postor; vemos a legisladores perredistas que con Constitución en mano le impiden el paso a Fox, pero no vemos a una pareja presidencial que robó descaradamente a todos los mexicanos a tal magnitud que dejó a un títere como sucesor para que no se descubriera toda la porquería que hay en el gobierno federal. Eso que estamos dispuestos a ver es lo único que se nos muestra. No hay un proyecto de nación que incluya a todos los mexicanos, no hay un país para todos, ni comida decente ni una vida digna para todos, cuando salgo a la calle veo pocas personas felices con su vida, pocas conformes con su realidad social. Lo queme quedó de la campaña del miedo de Calderón es eso, miedo. Miedo por el país que veré en unos cuantos años, miedo por un México que se desangra y donde muchos no tienen literalmente nada. Pero esto a quién le importa, mientras podamos ver en la televisión a Bisoño –el nuevo intelectual y líder de opinión- y su ejército de conductores que entretienen al público con sus idioteces (citándolo a él mismo). Felicidades a Azcárraga y Salinas Pliego, es país es suyo, y con la complacencia de Fox y el Congreso, pueden moldearlo a placer. Ante el silencio cómplice de cada uno que tiene en sus manos el poder de hacer una diferencia. Yo me olvidaré que México se desquebraja y se cae a pedazos.