23/01/2009

haiku 22

simples palabras
tachadas de la hoja
que nadie leerá

20/01/2009

me devoro mañana

Mi mano garabatea palabras que se derrumban, tras ficticias raíces de una tierra imaginaria. El polvo cubre mis pasos, que esperan impávidos las matanzas venideras; entre escombros de lo absurdo quedaron mal puestos mis recuerdos del porvenir, de los días perecederos. Me devoro mañana en tu respiro, en mi sangre derramada, en los árboles que envejecerán hasta ser semillas.
Se desvanecen mis ojos en un desierto obsoleto, en pedazos del ocaso que se desbordan por los huecos del tiempo baldío. El olor permanece punzante, no se borra la silueta que devora el tenue sonido de mi niñez lejana, en la falaz alborada mi rostro queda esparcido en cenizas nauseabundas, ya sin arterias.
Cuando yo era viejo probablemente, caminé sin pies ni olvidos, tampoco recuerdos. Sonrío a ese pasado que duerme infausto entre fantasmas paranoicos, huérfanos todos. La paradoja en la palma de mi mano, pandemia que habrá de devorarme, que irrumpe mi raudo peregrinaje. Y el cementerio queda vacío bajo el aciago sol.
Siguen las danzas infinitas envueltas en fábula, vuelve entonces la náusea como un vendaval. Y la música aún espera tu mirada. Sobre los ígneos campos mi cuerpo se hunde en tus manos, mi aliento se dispersa en los espejos del abismo. Ámame, cuando las fábulas se agoten, cuando el tiempo deje de existir.