08/09/2006

día laboral

Mi niñez se ahoga en un grito punzante
Entre ruidos de máquinas, naturaleza artificial En el sonido del checador y la monotonía del regreso a casa Sangra Los últimos recuerdos se pierden En ese odioso despertador

05/09/2006

De luto

Un minuto de silencio. La democracia fue asesinada. ¿Quién dio el tiro de gracia?, el TEPJF; pero Televisa, Fox y los empresarios ya habían desangrado al país. Un minuto más, por los millones de mexicanos que seguirán pasando hambre, y se ahogarán en un mar de spots mediáticos. Otro, por los que morirán en la frontera. Otro por los que ya han muerto en complacencia de la ineficacia e inoperancia del gobierno foxista. ¡Vamos bien! ¡Qué no quepa la menor duda!, esas frases que escuché hasta el hartazgo estos días, confirmaron que las cúpulas del poder sellaron muy bien sus acuerdos. México está secuestrado. Y es violentamente torturado. Caminemos sobre los escombros de la democracia y las instituciones, caminemos sobre los cadáveres y la sangre de quienes dejaron su vida por el país que hoy le pertenece a un puñado. Bienvenidos a la era de los spots, de la realidad simulada, de la dictadura disfrazada de democracia, de una política teatral.

03/09/2006

La caída de la esperanza: ‘Apuntes de una lucha en la que ya nadie cree’

México es un país en el que se nos permite soñar, quizás como re-medio para evadir la realidad, quizás como medio para darnos fuerza y seguir adelante, o quizás como única forma de no enloquecer. Nacimos hace siglos como una raza de guerreros, como conquistadores, grandes constructores y pioneros en descubrir los misterios de las estrellas y de la Tierra. Ésa es nuestra herencia olvidada. Al llegar los españoles nos arrancaron sangrientamente nuestro pasado, nuestras riquezas, dejándonos a cambio una herida que aún no cierra y permanece viva en cada uno de nosotros. No podemos quitarnos de encima el “complejo de inferioridad” que nos dejó la Conquista. El país ha sufrido constantes cambios. El concepto de ciudadanos, también. Luego de la Revolución, el imaginario colectivo se ilusionó con una nación de igualdades, donde el desarrollo fuera imparable. Nos equivocamos. En 1968, con una gran fortaleza económica y con una dictadura intolerable, obreros y estudiantes levantaron su voz, y aunque quisieron acallarla con armas, no fue posible. Esa voz aún perdura, lamentablemente sólo es un recuerdo lejano que ya no inspira más que portadas en diarios o notas televisivas, sólo una anécdota. México pugnaba por una nueva Revolución, por un cambio. 1988 lo representaba, ese día estaba destinado, para muchos, a pasar a la historia como el amanecer de un nuevo país. Pese a los pronósticos, la realidad fue otra. Un ataque frontal a la democracia marcó al pueblo, ahora lleno de dudas e incertidumbre. Seis años después, despertábamos con un Chiapas en guerra. Un levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional dejaba en evidencia un sistema político excluyente, ignorante de nuestras raíces que, en su camino a la globalización, ahogaba en la pobreza a millones. El país estaba dividido. Por un lado, estaba el México que anhelaba el ‘american way of life’, sentado indiferente frente al televisor, su realidad era la que le dictaban los noticieros. Por otro lado, estaba el México que tenía la fuerza suficiente para protestar, esa fuerza que le daba el hambre, solitarios en su lucha. Un año más tarde, el espejismo de un país “primer mundista” se desvaneció y millones de personas perdieron su patrimonio. Aquello que habían construido durante décadas de esfuerzo se esfumaba ante una banca despiadada. Muchos quedaron en la calle, otros apenas podían sobrevivir. Mientras, el culpable se escapaba sin ningún remordimiento y total impunidad. El nuevo siglo traía consigo, según los conocedores, las elecciones presidenciales “más democráticas de la historia”, interminables campañas electorales y las ciudades bañadas de propaganda. Fox, Labastida y Cárdenas se vendían como muñecos de acción en todas las jugueterías. Parecía que el país retomaría el rumbo. El dinosaurio se tambaleaba. El día había llegado, el 2 de julio fue la caída de la dictadura, al menos en apariencia. La nación estaba centrada en una figura que cada día cobraba más el aspecto de una simple caricatura política. Los discursos del cambio se olvidaban. La mirada de esperanza en los mexicanos, se apagaba. Operamos con una total pérdida de memoria y conciencia. El conformismo social se construye sobre estructuras mentales complacientes, mutando la condición humana y negando su naturaleza ética. Entregamos la voluntad dejando de lado nuestra conciencia y la capacidad de actuar y pensar. Vamos construyendo la realidad de a poco, adoptando conductas que inhiben la conciencia, conforme se nos ha enseñado desde que nacimos. La sociedad, con sus múltiples cabezas, han creado un sistema extremadamente complejo que no se puede percibir a primera vista. Su articulación en nuestra vida cotidiana está determinada por la creación de valores artificiales y símbolos que justifican la privación de nuestra capacidad de razonar, para así poder encajar. Sin conciencia, el hombre navega a la deriva en un mundo que ya no es suyo. El espíritu ha sido desarticulado lentamente por un estilo de vida, años y años de educación dentro de un sistema del que parece no haber escapatoria, dominado por las macroeconomías. Todo inicia desde la niñez, con uno de los inventos más extraordinarios de la humanidad, “la caja idiota” ya no lo es más, se ha vuelto una caja malévola, un instrumento para infundir terror e incertidumbre disfrazado de programación hueca e insabora, quizás inocente. Porque esas horas dedicadas a la televisión son las que se nos van restando de nuestras vidas. Perdemos vivencias, que son sustituidas por una apatía sistemática. La extrema complejidad del hombre, sus culturas, sus historias de grandeza y sus derrotas, sus tradiciones, es reducida a un “reality show”. Somos autocomplacientes. Los incidentes del 11 de septiembre, del 11 de marzo y del 7 de julio, han mostrado la capacidad que tenemos de matarnos unos a los otros, sin miramientos. Días enteros dedicados a los trágicos sucesos. Un australiano, un japonés o un oaxaqueño se lamentan y sufren igual tras la pantalla. Podemos, mediáticamente, preocuparnos por el terrorismo; sin embargo, las batallas que vivimos cotidianamente -las indígenas chiapanecas en los semáforos, los indigentes durmiendo en las centrales de autobuses, los niños prostituidos en parques, las negligencias médicas o burocráticas- no despiertan en nosotros más que una molestia recurrente. Vivimos absortos en nuestros celulares, en la internet, en home theaters y ipods. Ignoramos todo aquello que signifique dejar nuestra comodidad. Hemos, pues, caído en un conformismo social: estructuras mentales colectivas y pérdida de los valores humanos. Ya que mientras nuestros micro entornos sociales estén medianamente bien, lo demás, no nos importa. La desarticulación del pensamiento crítico es una opción del poder que se fundamenta en la cohesión y control social de las nuevas formas del pensar dentro del sistema. Por ello, el que le otorguemos legitimidad y que lo asimilemos como nuestros nuevos valores, es tan importante para los grupos de poder. Decía Octavio Paz que somos la creación de aquello que vemos. Hoy día, estamos codificados a través de maquilas del alma, de las cuales salimos seriados. Se ha borrado la historia, nos han negado la capacidad de desarrollar nuestra subjetividad. La identidad nacional fue arrebatada: por Mc Donald’s, Coca-Cola, Nike, Levi’s, Hollywood o CNN. Cada día los niños se vuelven adultos a una edad más temprana, los adultos permanecen en un estado en el que se niegan a madurar, y los jóvenes menores de 18 años, sólo son clones sin voluntad sometidos a MTV. Somos robots felices. Ya no tenemos voz propia, nos hemos dejado seducir por la manipulación de los medios, la opinión pública no es más que la invención de unos cuantos. El mundo gira alrededor de la política y el derecho. Y el trasfondo de éstos son los spots publicitarios. Los partidos políticos configuran el mercado electoral y, por medio de mensajes atractivos, son capaces de atraer consumidores. Compramos promesas de campaña, y lo pagamos muy caro. Si nuestro destino era la grandeza que debimos heredar de los Mayas o los Aztecas, hoy lo negamos tajantemente. No fuimos capaces de soportar esa grandeza en nuestras espaldas, y optamos por el camino fácil. La maquinaria del conformismo social es compacta, es capaz de aislar protestas o levantamientos, su poder es tal que con sólo ignorarlo es suficiente, nuestra ceguera se expande hasta nuestros sentidos, secando nuestro corazón. Por otro lado, los contextos educativos deben ser por obligación un contrapeso del poder hegemónico. Si el EZLN tuvo la fuerza y la organización para exigir justicia y redimir lo que nos corresponde como nación, es porque no están contaminados por el conformismo y la autocomplacencia. Es necesario sembrar valores para recuperar nuestra esencia humana, debemos encontrar la forma de integrar nuestras raíces mexicanas con la globalización, reivindicarnos como nación. Quizás sea tiempo de levantarnos y hacer escuchar nuestra voz, antes que la llama se extinga, la caída de la esperanza puede ser detenida.

02/09/2006

Bisoño, el intelectual

Luego de una larga noche de insomnio y una que otra pesadilla, me encontré tirado en la cama por la mañana, con el control en la mano y cambiando el canal de la televisión a diestra y siniestra como en mis mejores días de infancia. Por alguna extraña razón (probablemente se deba a las hormonas), me quedé viendo un rato el programa “Tempranito” que transmite TV Azteca donde este personaje afeminado de nombre Daniel Bisoño suele hacerse acompañar por dos co-conductoras de gran belleza, además de un sin fin de modelos que afortunadamente para nosotros captan la atención con la poca ropa que portan. Justo en el momento que le quite el “mute” me encontré con esta niña pelirroja que hacía agudos comentarios a Bisoño sobre el puntual y excelente informe que había presentado el presidente Fox, como salido de la dimensión desconocida, llegué a pensar que todo era producto de mi falta de sueño; pero estos personajes acartonados de la televisión seguían hablando sobre el logro de la democracia y el mal obrar de los legisladores perredistas al impedirle al benévolo Vicentico hablar en la tribuna del legislativo de los pasos agigantados con los que avanza el país, de los grandes logros de su administración. El clímax llegó cuando el ahora intelectual Bisoño exigía la libertad de expresión que con tanto trabajo había logrado Chente Fox y que ahora estaba secuestrada por unos bándalos con hambre de poder, para luego terminar con unas fanfarrias y un ¡que viva el presidente Fox!, donde todo el público aplaudía enajenadamente. Entonces tristemente decidí no ver más televisión. Entendí a la mala que este país renunciaba a su grandeza histórica, que nos seguiríamos conformando con mediocridades, con gobiernos que saquean al pueblo sin que nadie los detengan y además sonríen para la foto y le dicen a la prensa, vamos por buen camino. Cuando leí la terrible novela “1984” aquella donde el gran hermano, El Estado, tomaba control de la vida pública y privada de la sociedad y de cada individuo, nunca creí llegar a verlo, nunca creí que el hombre llegara a esos extremos; pero lo que vi en la televisión esta mañana no estaba alejado de esa ficción que creó George Orwell. A todas horas, en cada programa de televisión los ilustres locutores de programas de televisa y televisión azteca nos saturan con sus reclamos hacia quienes tomaron el centro de la Ciudad de México, aquellos que no respetan la democracia, aquellos indios violentos y nacos que ensucian y son manipulados por López Obrador, nos dictan que sentir y pensar, lo abominable de estos es que hay mucha gente que les cree, ya que para muchos la T.V. es su único acceso a la realidad fuera del agotador trabajo y los problemas económicos. Los prestigiados diarios de Estados Unidos hacen lo propio y recomiendan a la resistencia civil ceder y dejar que Calderón asuma la Presidencia por el bien del país y de la democracia. Aunque no mencionan lo fraudulentas de sus dos últimas elecciones presidenciales dónde Bush ganó ilegítimamente. Dónde hubo electores que no aparecían en el padrón, compra de votos y una campaña mediática del miedo bien instrumentada apoyada por el aparato gubernamental (¿A alguien le suena familiar?). No me preocupa que Calderón sea presidente, -ese wey me vale madres-, ni tampoco Obrador, quien no es santo de mi devoción. Lo que me tiene desangelado es que el país se hunde y que seguimos peleando entre nosotros, bueno en realidad los políticos siguen peleando entre ellos para llevarse el mayor botín, mientras nosotros seguimos condicionados por los programas televisivos dónde perritos pavlovianos como Bisoño y sus acompañantes de gran belleza (además de un sinfín de nuevos intelectuales de televisa) y poca capacidad reflexiva hablan desenvueltamente de los logros de un país que ha sido masacrado, mutilado, saqueado a lo largo de su historia. La televisión es un medio muy peligroso, insertado en cada casa del país hace manipulables y moldeables a quienes se les ha negado una educación a cambio de spots que dicen lo que Fox, el IFE y los empresarios que se pudren en dinero quieren y les conviene que creamos.
La televisión y los medios impresos han sido usados como instrumentos del y para el poder. La realidad es lo que estamos dispuestos a ver, vemos un zócalo tomado por la resistencia civil, pero no vemos unos medios de comunicación secuestrados por grupos de poder; vemos a un peligroso López Obrador, pero no vemos a una cúpula panista que en seis años ha acumulado tanto poder como para desmantelar al país y venderlos por partes al mejor postor; vemos a legisladores perredistas que con Constitución en mano le impiden el paso a Fox, pero no vemos a una pareja presidencial que robó descaradamente a todos los mexicanos a tal magnitud que dejó a un títere como sucesor para que no se descubriera toda la porquería que hay en el gobierno federal. Eso que estamos dispuestos a ver es lo único que se nos muestra. No hay un proyecto de nación que incluya a todos los mexicanos, no hay un país para todos, ni comida decente ni una vida digna para todos, cuando salgo a la calle veo pocas personas felices con su vida, pocas conformes con su realidad social. Lo queme quedó de la campaña del miedo de Calderón es eso, miedo. Miedo por el país que veré en unos cuantos años, miedo por un México que se desangra y donde muchos no tienen literalmente nada. Pero esto a quién le importa, mientras podamos ver en la televisión a Bisoño –el nuevo intelectual y líder de opinión- y su ejército de conductores que entretienen al público con sus idioteces (citándolo a él mismo). Felicidades a Azcárraga y Salinas Pliego, es país es suyo, y con la complacencia de Fox y el Congreso, pueden moldearlo a placer. Ante el silencio cómplice de cada uno que tiene en sus manos el poder de hacer una diferencia. Yo me olvidaré que México se desquebraja y se cae a pedazos.