10/08/2007

Viejita

A mis amigos, a la familia que ya no está. Entiendo que ya nada será como antes. Entiendo que sea cada vez más difícil verlos, que los horarios y descansos se crucen. También que sea cada vez más difícil reconocerlos, que el rostro y el peinado sea el mismo, aunque en ese cuerpo haya otra persona. Porque la canción favorita ya no será la misma, ni la marca de cigarros o cervezas. Los gustos en comida, cine, mujeres, tampoco serán ya los mismos. Por si ya no vuelven las noches en el balcón, prendiendo sillones, con miados de hulk y chamanes, con fusiones de risas, amaneceres que te queman el rostro como un aviso para hacer los preparativos para nuevas celebraciones. Sino volvemos a robar refrescos de bodegas o señales de tránsito. Escuchando por semanas la misma historia de amor, de la misma chica que al fin pudo hacerte dormir. Por si la próxima vez que te pregunto dónde vas a dormir ya no explotas en carcajadas. Por si nunca volvemos a cocinar; o a correr hasta Bolivar y caminar de regreso a casa... quiero decirles algo: Me duele cada vez que me pierdo un cumpleaños, una reunión, un viaje. Me duele más cada tarde tumbado frente al televisor viendo Los Simpsons, sabiendo que en el sillón de al lado ya no hay nadie; querer decirte que hoy tuve un pésimo día y no saber si tendrás tiempo para mi. Me duele todavía más no saber de ustedes, no enterarme de cómo va su vida. A veces necesito alejarme (en tiempo y espacio) para entender la verdadera dimensión de las cosas y darme cuenta que si alguna vez nos peleamos, en realidad no importa, porque siempre querré a mi familia. Pero he de confesar que aún no te perdono del todo. Pero que no me importa que me hayas fallado, porque a ti no te importó cuando yo me equivoqué. Aún extraño los pasteles, los tres reyes, las tardes lluviosas caminando por Xicotencatl, escuchando a Portishead. Las navidades en familia. Ya casi olvido las últimas carnes asadas, los hornos de microondas que funcionan con plutonio. La playa, la pregunta más desconcertante en el momento más inesperado; la noche encerrada en un frasco. Cómo llevar un teléfono público a casa. Cocos. Hamacas. El tocho. El árbol cubierto de luces que es cobijado por la neblina. Quisiera que todo fuera como antes, pero entiendo que no es posible. Quisiera jugar un 21 en vez de ir a trabajar, pero me dicen que ya no puedo. "Y no es por eso que haya dejado de quererte un solo día...". Aunque no pueda hacer un espacio para llamarte o mandarte un mensaje, aunque no me de tiempo de decirte que estoy orgulloso de ti y que te quiero. Viejita. Un abrazo, donde quiera que estés. Buen viaje.