14 sep 2009

2

Las nubes negras cubrían, tumultuosas, la ciudad. Crujían bajo mis pasos las hojas secas de estas antiguas calles ahora hechas laberinto. Los gigantescos edificios y las diminutas casas terminaron por ser iguales ante la noche. Donde alguna vez habitaron hombres, vagaban borrosas figuras sin rostro, vestidos como personas, pero ya despojados de toda humanidad. Sin ojos, sin alma. Caminé con gravidez hasta perder la noción del tiempo, como un nómada pierde sus raíces. Algunas veces conocer es destruir, y yo conocía la inutilidad de mi estupor ante aquellas figuras danzantes que semejaban o fueron quizá en una época remota hombres, mujeres y niños. Gregarios, pasaban junto a mi como si yo fuese un fantasma o los fantasmas fueran ellos. En vano intenté que me mostraran un camino, no escuchaban o probablemente no podían ya. Una profunda náusea me arrebató al ver de cerca esos rostros sin forma, sin parangón con nada que hubiera jamás imaginado. Apenas contuve el vómito al ver tan tétrico espectáculo. Me alejé lo más rápido posible de esas horribles figuras humanoides. Pero el laberinto seguía ahí, infinito, inamovible, hostil. Resonaban en mi cabeza los gemidos guturales de aquellas criaturas, como si cien manos rasgaran con sus uñas cien pizarrones. Algo cambió, porque ahora ya volteaban hacia mi cuando pasaba cerca de ellos. Las fragorosas nubes anunciaban que la tormenta ya venía. Las luces de la ciudad eran apoteósicas estrellas que se desangraban, senderos luminosos por el que transitaban sueños pretéritos y promesas distantes. La lluvia vino hacia mi como un torrente dorado. Por un instante sentí que el universo recorría mis venas. Traté de cubrirme en un flamígero edificio que semejaba un templo. A las afueras yacían incontables vagabundos sin rostro, sin nombre. Me acurruqué en un rincón mientras veía aquella beatífica lluvia acariciar las calles marchitas. Hasta que me perdí en un sueño profundo. Cuando abrí los ojos el agua cubría la ciudad como un espejo cubre el alma. Entendí que Borges tenía razón cuando dijo que los espejos tienen algo de monstruoso, porque multiplicaba el número de hombres, y ese laberinto del que no podía despertar se multiplicaba al infinito.

27 ago 2009

Reforma al sistema electoral

Si alguien ha visto a esta abeja, quien después de no pagar la cuenta se robó un ipod nano, favor de denunciarlo a las autoridades pertinentes. Gracias.

En fechas recientes revivió la vieja discusión sobre la eficiencia y transparencia del IFE, quien pese a los más de 12 mil millones de pesos que reciben anualmente (¿cuántos millones de mexicanos no tienen para comer?), no logran que la democracia que tanto pregonan sea creíble para la ciudadanía, que cada vez está más al pendiente de su desempeño (no sólo para hacer spots o imprimir credenciales) para cuidar los procesos electorales; y para que la democracia deje de estar solo en los papeles de los discursos, o en los periódicos o en las declaraciones de los funcionarios.

Propuesta Uno. Que artistas de la farándula suplanten a la figura (no de acción, sino simbólica o pública) del político. Sustituir el proceso: cambiar el día de los comicios por un reality show de algunos meses de duración. El público votaría por sus candidatos (y los iría eliminando de forma progresiva). A la vez de escuchar sus propuestas de campaña; verían el melodrama de su vida privada, conocerían sus pasiones, sus miedos, sus esperanzas, sus secretos. En un reality lleno de política, intrigas, amor, desafueros, sospechosismos, celos y traición al más alto nivel del teatro shakesperiano. Nota: Usaremos indistintamente el término público, ciudadano, consumidor o electorado; tal y como lo hacen actualmente las campañas publi-políticas.

Beneficios:
1. El ahorro significativo en los costos de campaña. Esto debido a que el público ya conoce a los artistas de la farándula, por lo que esto generaría en un recorte importante al tiempo del proceso electoral y gastos de campaña.

2. Un ahorro en materia de seguridad y logística. Los artistas cuentan con seguridad privada (sus guaruras); y sus managers son eficientes en organizar firmas de autógrafos, conciertos, palenques, comerciales, y demás.

3. Aumento en el número de votantes y con el interés por el proceso electoral. Incluiría un premio millonario otorgado probablemente a un seguidor o militante del artista-político ganador.

4. Por primera vez la vida política del país le importaría al público. Además los programas de chismes han demostrado ser altamente especializados en remarcar los errores (por mínimos y/o circunstanciales que estos sean) hasta el hartazgo mediático, lo que proveería quizá, de una mejor memoria colectiva con respecto al actuar de nuestros gobernantes.

5. Se sustituirían los debates entre candidatos, por un programa de concurso; esto tendría el beneficio de que sabríamos con más certeza que tan capaces son nuestros candidatos; es decir, tendríamos finalmente parámetros objetivos para medir su desempeño; y dejaríamos de estar “esperanzados” a vagas promesas de campaña y discursos que no nos llevan a ningún lado.

6. En cuanto al beneficio ecológico, toneladas de basura electoral no inundarían las calles de nuestras ciudades. Mantas, volantes, gorras, lapiceros, gomas, etece, no se tirarían el día siguiente de las elecciones. Aunque probablemente estos souvenirs serían producidos por el Club de Fans o por los Amigos de...

7. La penetración de las revistas dedicadas a la farándula es mayor que el de periódicos, por lo que más gente estaría informada de manera oportuna y veraz.

11 ago 2009

¿mano dura? contra qué...

"Si todo va bien, no es porque la gente sea civilizada, sino sencillamente porque no tienen hambre". Marjane Satrapi (cineasta y autora de cómic)

Habla sobre la vida en París y el contraste en Irán ( o en este caso, cualquier otro país de América), dice que "el odio viaja en nuestra genética". Al respecto escribió John Steinbeck en 'Las uvas de la ira': "Resultados, no causas. Las causas yacen en lo más hondo y son sencillas: las causas son el hambre en el estómago, multiplicado por un millón". Cualquier otra estrategia implementada (o simulada), es pura propaganda mediática.

24 jul 2009

Cierra la puerta.

La Señora Gorda abrió la puerta y se asomó por el balcón. La brisa movía su cabello teñido color ocre. Las nubes se alejaron con el viento, como si ella las hubiera espantado. El cielo quedó desnudo. Hizo una especie de gruñido, como contestando los ladridos del perro callejero que vigilaba la noche. Yo tenía miedo que éste, al verme, la pusiera en alerta.

Junto estaba el Señor de Lentes, de quien sólo se veía a ratos su silueta ennegrecida cuando se asomaba por la ventana. Estaban casados, pero no dormían en el mismo cuarto. A lo mejor porque en su casa tenían muchos, eso creía yo, porque las señoras en el pueblo decían otras cosas. En la mía todos estábamos en el mismo, bien apretaditos.

El viento arreció, las hojas de los árboles se golpeaban, murmuraron una especie de cascabeleo, como un siniestro aviso de los espíritus. Primero apagó la luz el Señor de Lentes. Unos minutos después la Señora Gorda. Hasta el cancerbero yacía en la quietud del lote baldío de enfrente. Toño me dijo que le chiflara cuando Vero, la hija de los Señores, abriera la puerta para verse con su novio a escondidas; a todos nos gustaba esa niña, su cara, su piel satinada, su cabello negro. Apenas había cumplido quince, y su fiesta fue más grande y costosa que la de nuestro santo patrono del pueblo.

“Es la única hora en la que se puede, sino nos van a ver”, nos dijo Toño muy serio, no sabíamos si estaba triste o enojado. Su mamá se había muerto ese lunes. Y a su papá lo habían encerrado el jueves. Desde ese día no hablaba con nadie, más que para decirnos lo que haríamos. Poquito después de las dos de la mañana se abrió la puerta.

Una bicicleta llegó al mismo tiempo, era Pedro el noviecito de Vero. Se veían a esa hora para poder besarse, porque en el día no lo tenían permitido, las señoras en el mercado decían que eso no era bien visto. El perro callejero se levantó y empezó a caminar hacia mi, las piernas me temblaban, no sabía si chiflar o no, el cancerbero pasó de largo, luego que lo perdí de vista, chiflé.

Entonces llegó Toño y los otros, rodearon a la pareja, mientras yo me quedaba en la esquina, Chemo que estaba junto a él me dijo días después que sus ojos eran tan rojos como el infierno. La niña apenas iba a gritar cuando Toño le partió la cara de una pedrada. Vero cayó al piso. La sangre que salió de su cabeza formó diminutos ríos que fluían entre las piedras de la calle.

El rostro de Pedro fue iluminado por la luna, por la ira y el miedo que se le acumularon en el pecho, pero fue apagado un instante después por otra pedrada que Toño le clavó en medio de los ojos. Decían que pudo haber sido beisbolista, pero desde chico ayudó a su papá en la finca y nunca pudo ir a la escuela ni estar en el equipo.

Mi mamá le dijo a mi tía, al día siguiente, que Vero aún se movía cuando la encontraron, justo al alba. Con el rostro desfigurado murió en el hospital antes de medio día. Pedro falleció mucho antes que eso, con los puños bien apretados, como si hubiera querido pegarle a Toño, aunque ya ni tiempo tuvo.

Ninguno de nosotros volvió a hablar de esa noche. Los señores cerraron sus negocios, la cantina, la mercería, la miscelánea, la farmacia, hasta la nevería; casi todos los habían puesto cuando éste fue presidente municipal. Toño me dijo sólo a mi, que si ellos le habían quitado a su papá cuando lo acusaron con la policía de haberlos robado para poder enterrar a su mamá, porque ni para eso tenían; que entonces él les iba a quitar a su hija.

Después que enterraron a Vero pocas veces salieron de su casa. Toño no regresó al pueblo. Y la Señora Gorda y el Señor de Lentes nunca más abrieron esa puerta.

5 jun 2009

[ ]

Quiero salir del tiempo,
verlo todo en un instante,
simultáneo, sin hermetismo
Quiero salir del espejo,
no ver más el signo,
sangrante y superficial
Quiero borrar lo infinito,
que el día deje de repetirse
y enterrar el resto después
Quiero entender el laberinto,
ignorar los siglos que transcurren
sentarme a pescar las bifurcaciones
Quiero salir de mi,
dejar este cuerpo artificial,
ficción etílica nada más
Quiero exterminar el insomnio
y caminar a ese páramo lejano
para sentarme a mi lado

3 jun 2009

( )

El desierto me rodea, sigo secándome, mis células se dividen, mutan en arena. Mi piel, un palimpsesto de tus caricias, de besos que surcaron mis pecados, palabras que se van de entre mis manos. Al escapar no siempre se llega a donde se quiere, muchas veces ignoramos la ruta, pero seguimos, aunque apenas podamos ver los rieles oxidados que dejaron los fantasmas en nuestros sueños. Y en la huída del cadente silencio de tu mirada, tiro por la ventana mis huesos molidos, tu sonrisa disecada en una foto que se diluye en el ocaso de la frágil memoria perecedera, y los recuerdos nauseabundos de aquellos días artificiales. Nos despedimos en la misma Estación, el ruido del tren nos impidió escuchar lo que nos dijimos.

23 ene 2009

haiku 22

simples palabras
tachadas de la hoja
que nadie leerá

20 ene 2009

me devoro mañana

Mi mano garabatea palabras que se derrumban, tras ficticias raíces de una tierra imaginaria. El polvo cubre mis pasos, que esperan impávidos las matanzas venideras; entre escombros de lo absurdo quedaron mal puestos mis recuerdos del porvenir, de los días perecederos. Me devoro mañana en tu respiro, en mi sangre derramada, en los árboles que envejecerán hasta ser semillas.
Se desvanecen mis ojos en un desierto obsoleto, en pedazos del ocaso que se desbordan por los huecos del tiempo baldío. El olor permanece punzante, no se borra la silueta que devora el tenue sonido de mi niñez lejana, en la falaz alborada mi rostro queda esparcido en cenizas nauseabundas, ya sin arterias.
Cuando yo era viejo probablemente, caminé sin pies ni olvidos, tampoco recuerdos. Sonrío a ese pasado que duerme infausto entre fantasmas paranoicos, huérfanos todos. La paradoja en la palma de mi mano, pandemia que habrá de devorarme, que irrumpe mi raudo peregrinaje. Y el cementerio queda vacío bajo el aciago sol.
Siguen las danzas infinitas envueltas en fábula, vuelve entonces la náusea como un vendaval. Y la música aún espera tu mirada. Sobre los ígneos campos mi cuerpo se hunde en tus manos, mi aliento se dispersa en los espejos del abismo. Ámame, cuando las fábulas se agoten, cuando el tiempo deje de existir.

21 oct 2008

1

No quedaba nada, ni la lluvia. Hasta los viejos fantasmas se habían ido ya. No había respuestas, ni se podía escuchar como caían los tarros de cerveza y las botellas de vino de la vieja casa. Oscuridad solamente.
-¿Has sentido cuando se funden pasado y futuro? Quizás no exista el tiempo, dijo en tono solemne.
-No, no lo he sentido, le contesté desganado.
-Todas las posibilidades existen, todo se mueve, nada es estático
-Las miradas, las palabras, los abrazos, la gente; aquello que creemos permanecerá es evanescente, no vale la pena intentarlo, si las cosas terminarán igual extinguiéndose.
Entonces él se levantó, arregló su traje y empezó a caminar en la misma dirección que el viento. Lo seguía con la mirada, pero no tenía la fuerza para levantarme, estaba aún aletargado por el largo viaje, apenas y sentía las manos. Él se detuvo un instante, giró su cara y me dijo:
-No puedes quejarte ni lamentarte por lo que te pasa... la vida... es un desafío interminable. Sólo desafíos, y éstos no son buenos o malos.
Agaché la cabeza, traté de cerrar mi puño sin lograrlo, el viento arreciaba tanto que tuve que cerrar los ojos. Hice un segundo intento por levantarme, pero nuevamente fue inútil. Fue entonces que escuché aquella voz por primera vez dentro de mi cabeza, 'Conoces las cosas. No pensamientos, sólo certezas. Debes calar su esencia'.
-¿Dónde puedo encontrar las respuestas? No sé si esta noche ya es demasiado tarde.
... sólo hubo silencio, ya no estaba más ahí.
Me levanté asustado. Un sudor frío recorría mi espalda, estaba por primera vez completamente solo. Sin nadie que escuchara a quiénsabecuántoskilómetros de distancia. Recordé cuando de pequeño me dijo que la confusión era algo en lo que nosotros mismos nos metíamos, y que de la misma forma podíamos salirnos. Entonces vi claramente la lluvia de aquel otoño, el olor a pasto mojado y el del café recién hecho; las risas que parecía no cesarían jamás.
No quedaba nada más. El camino estaba ahí, pero no sabía a donde me llevaría.

7 ago 2008

utsuroi

observo el momento en que la flor está por marchitarse
caminamos sobre la cuerda floja del tiempo, entre contingencias
rodeados por eternidades que nos atraviesan
en ese incesante estruendo, hundidos en charcos de concreto
mis huesos hacen implosión y quedan esparcidos en el fluir del río
tan lejano el ayer como la espesa niebla de invierno
como los pájaros que van a morir

13 may 2008

Un mes sin televisión



La idea surgió entre copas, en una plática con Era[ndy], fue un ejercicio de su maestría en Terapia Gestalt, dejar de ver televisión por un periodo determinado de tiempo. No recuerdo francamente todos los beneficios que había enlistado Era por el simple hecho de ‘apagar’ al medio masivo de comunicación por antonomasia. Siempre fue una idea que me tentó, y dije: ‘pos pa luego es tarde caon, un mes sin ver tele, ni deportes, ni FX…podré?’
La parte buena es desconectarse de los noticieros, que sólo se encargan de desinformar a través de la manipulación de hechos, ofreciendo visiones parciales, sesgadas y a conveniencia de los grupos de poder; omitiendo datos fundamentales, realidade. La voz de la gente es ignorada o acallada por medio de varios instrumentos coercitivos, sólo vemos propaganda a la vieja usanza, notas a modo para hacer quedar bien a políticos ________, la libertad de prensa tan pregonada [sí, a través de la televisión nacional] en los últimos años sólo es una prostituta mediática…una teatralidad expuesta a todas luces.
La televisión ha tomado el papel de educador en muchos hogares; esto se potencia gracias al paupérrimo sistema educativo mexicano, y ante este panorama, es difícil salir del atolladero. Internet es más plural, con la revolución electrónica, la gente empieza a tomar conciencia de que también tiene voz, identidad propia, que no tiene que ser la que le imponen los medios [sí, el duopolio televisivo favorito de México] Aunque es un arma de doble filo, debido a que puede reducir el contacto físico y real. Acorta distancias y tiempo, pero a cambio puede separarnos más allá de eso. Por eso se debe caminar con cuidado por las fronteras virtuales
No hablo de una negación sistemática de los medios, sino de cuestionar los contenidos, ¿qué nos ofrecen, porqué vemos esos programas, qué nos aportan?, ¿simplemente entretenimiento?, ¿qué perdemos?, ¿en qué ocupamos nuestro tiempo?
Si a los grupos de poder les retribuye económicamente que sus mensajes lleguen a públicos específicos, mintiendo, manipulando, esclavizando, y matando; quedan entonces dos opciones: ser más críticos ante los mensajes mediáticos o apagar la televisión.

30 abr 2008

tal vez...

Cómo vencer la nostalgia del mañana, de las risas que dejaré de escuchar, los paseos interestelares en la azotea no tomaré más. Tras estos pasos he sembrado más dudas que certezas, la mayoría con palabras baratas. Las cadenas pesan más al amanecer, no me dejan levantarme de la penumbra, no me dejan respirar. Dónde estoy?

4 abr 2008

Ay estos padrecitos.

El Episcopado Mexicano se pronunció a favor de la creación de una ley que otorgue protección a los ‘narcos arrepentidos’, dado que ha detectado que estos personajes ya arraigados al imaginario colectivo, realizan obras benéficas en sus lugares de procedencia, ''muchas veces también construyen una Iglesia, una capilla''. Partamos del hecho que el gobierno panista, en todos sus niveles [acompañados de grupos ultraconservadores como el Yunque, entre otros importados España], apoya abiertamente a la Iglesia Católica. Los párrocos ya alzaron la mano para participar en procesos de elección popular, argumentando que antes que sacerdotes son ciudadanos, a sabiendas que México es un país confeccionado por pequeños ‘pueblitos’ donde indudablemente los ‘padrecitos’ llevarían las de ganar, imagínate los espectaculares o spots: ‘’Vota por mi o te excomulgamos’’, nada alejado de la realidad. Si a esto, le añadimos que el regreso con bombo y platillo del Chupacabras –a falta de lancheros y ante el hastío del tema ‘Emos’ en los noticieros-, todo parece indicar que se reúnen los ingredientes adecuados para un golpe más al pueblo mexicano. Jorge Camil apuntaba en La Jornada que la reforma energética es un fantasma, ''nadie la conoce, nadie la ha visto'', quizá por ahí vaya encaminado todo esto, a repartir el todo el pastel mientras se pueda. El gobierno federal ha mostrado su gran capacidad para dirigir la nación a través de spots, ahora sólo falta que esas cifras y caras sonrientes y mensajes de crecimiento acelerado del país que aparecen en la pantalla toquen tierra, y de paso, porqué no, a las familias mexicanas. Cada quien escoge las batallas que habrá de librar, y el país está en la tablita: lucha o se queda felizmente sentado en el sillón frente a su televisor.

29 mar 2008

A dónde vamos?


Los momentos que me das han comenzado a ser insuficientes. Mírame, antes que el otoño sepia nos encuentre entre Cipreses, respirando polvo de estrellas. Bébeme entre las hojas marchitas, aquellas por las que camino descalzo, pasando la muralla escarlata. Y si dos mundos llegaran a colisionar, tómame de la mano, déjame en primera fila, para perseguir a esta pequeña estrella fugaz. Me quedaré por aquí un momento más, hundido en el ocaso carmín. Antes de que marche a la batalla, dame sólo una razón para volver, los tambores de guerra resuenan ya.

11 mar 2008

pulpos marinos


Los pulpos marinos se diluían en espirales de trazos musicales, encrespados a través del universo, y los lápices dibujaban sinfonías de risas, como aquella que se perdió en una foto, que se perdió en los años, que se perdió. Irreversibles fueron los segundos en el cuarto vacío, cayéndose a pedazos en las noches interminables, ya no me acompañas más en esta larga caminata por el desierto del eterno retorno, aunque al final de cuentas, hemos llegado solos, apenas unidos por imperceptibles hilos de luz. Ilusiones nada más, voces que narran, en tres actos, fragmentos, paranoias, sabores que se funden vagamente en colores y pláticas que apenas imaginamos, y que olvidaremos al amanecer.

29 feb 2008

uno de los que ya van en camino


tejen las manos
a todos nuestros muertos
en San Cristóbal

5 ene 2008

Haiku Final

Caidos en guerra no todo está perdido la luz sigue aquí

24 dic 2007

El hombre del traje



El agujero negro de su estómago lo obligó a levantarse aquella madrugada, la sinfonía de botellas de cerveza de los vecinos deleitaba al vecindario, las risas estridentes y las pláticas sobre heroicas gestas etílicas se colaban por las roídas ventanas del cuartucho de hotel. La gotera que caía junto a su cama era lo único que lo hacía consciente del paso del tiempo.

El tiempo que lo destruye todo, el tiempo que en este plano existencial es irreversible. Recordar es volver a morir. Un hombre con amnesia es un hombre sin identidad. Bendita ignorancia. Ojos que no ven. Ojo por ojo. El olvido es el camino a la felicidad. El olvido.

Se sentó en el sillón apolillado, amarrose pausadamente las agujetas de sus zapatos; recordaba entonces el día que los compró, cuando creía que era feliz, cuando era aficionado a cambiar oro por espejos. Revisaba sus bolsillos, tan sólo para encontrar centavos, pesos, boletos de autobús, papeles de teléfonos a los que nunca llamó. El camino a la tienda de 24 horas transcurrió sin sobresaltos.

Eligió un paquete de plástico del exhibidor y lo puso en el microondas. 2:00. Fue al fondo del establecimiento y eligió la bebida sabor cola 'ad hoc' para la ocasión, reserva del 99. Una pareja discutía en el mostrador; ella con los ojos llorosos, al borde del colapso; él con su rostro desbordado de hastío, no soportaba escucharla más. Incluso cuando salieron de la tienda aún podía sentirse esa pesadez en el ambiente. Los curiosos seguían la pelea por la ventana, como un pago por evento, por morbo, por mero entretenimiento. Él se iba, ella no lo dejaba.

El microondas lo hizo volver a su realidad. La comida plastificada estaba lista. La sacó del empaque y un intenso hedor a artificialeza llenó su olfato. Pagó y apenas le dio tiempo de salir para vomitar en la calle. Los bebedores empedernidos veían en él un espejo de su futuro inmediato. El dependiente de la tienda reía, pero ya no le sorprendía, esa era una escena que se repetía casi a diario.


-Dos o tres six después así te verás -le dijo un gordo con voz aguardentosa a un tipo alto, flaco con cola de caballo.

Después de limpiarse el vómito con un pañuelo blanco -único recuerdo que conservaba de su hermano-, caminó un par de cuadras más y se sentó en la banqueta. Engullir esa masa amorfa fue una empresa en extremo difícil, pero no tenía otro remedio, su cuerpo le exigía comer algo. Tomaba grandes tragos de su bebida carbonatada, para que el sufrimiento fuera menos. No quería levantarse, ni mucho menos regresar a la misma habitación, con la misma gotera, con los mismos silencios y ausencias.

Llegó a una parada de autobús y se derrumbó en el asiento, visiblemente cansado -por la vida-. En el otro extremo de la banca se encontraba un hombre, vestía de traje, parecía no haber dormido en mucho tiempo, despeinado, las manos le temblaban. Éste, al percatarse de la otra presencia lanzó -pero no dirigiéndose a él, sino a la eternidad-:
-Estoy hasta la madre de que todos piensen que sus actos no tienen consecuencias, que salvando su pellejo lo demás vale madres -dijo con voz firme, el sudor empapaba el cuello de su camisa, y su cabeza descansaba apoyándose en la estructura metálica, mientras se dejaba llevar por el sueño.

Aquella frase suelta parecía haber dado en el clavo, finalmente las cosas empezaban a cobrar sentido, y aquel fatídico sábado había dejado de dolerle casi de forma instantánea. Abordó el siguiente autobús, no sabía a donde iba pero tampoco le importaba. Cuando se sentó pudo observar como el hombre del traje se desvanecía y azotaba en la acera ya sin signos vitales. No tenía caso bajarse y jugar al héroe, otras veces lo había hecho trayéndole sólo estocadas por la espalda. Entonces acomodó su cabeza en el asiento, buscaba dormir y despertar cuando ya estuviera lejos y no hubiera marcha atrás.


25 nov 2007

Postdata

Estas ahí, como una gripe mal cuidada. En el balcón, bajo soles artificiales, luna llena de hombres lobos y otros cuentos paganos; estrellas que se quedaron dormidas en el sillón. Me extravío -por tercera vez seguida- en el humo, en los restos calcinados de aquella casa abandonada. Al fin se extinguió tu olor de las sábanas, aunque permanece el sabor amargo en la lengua, en el ojo onírico que se niega a pestañear. El viento frío anuncia el cambio de estación, donde ya no brilla el sol de domingo por la mañana, donde la transparente noche dura un poco más a mi lado. Al menos hubieras disparado de frente, si ya me tenías a quemarropa. Miro desde la playa los fuegos artificiales, converso con los ausentes, las olas me alcanzan finalmente.

6 nov 2007

la última noche del mes


La neblina se colaba por las grietas del Cabaret de la 20 de Noviembre, diluía los colores de la última noche del mes, dejando la apariencia de un perenne blanco y negro, de una vieja película que ya ha sido olvidada por varias generaciones. La banda tocaba una canción de Charlie Parker, mientras que los cuatro clientes que aún permanecían de pie, seguían creyendo después de tantos años, que con una copa más podrían tener -al fin-, sus anhelados dulces sueños.
En punto de las cuatro de la madrugada -apenas cinco minutos después que una lluvia descomunal castigara con una ira lacerante, a los noctámbulos, ebrios y prostitutas de la ciudad-, una mujer entró por la puerta; seis horas antes, todas las miradas de los hombres se hubieran posado en sus piernas, cabello, pechos y ojos, en ese orden; seis horas antes, las mujeres seguirían inventándole defectos, mientras el cantinero intentaría esbozar una sonrisa seductora y ella quizás sin ningún sobresalto en sus pensamientos, ni dolor, ni nada que la pudiera afligir, disfrutaría la noche y reiría hasta caer, sosteniendo en su mano izquierda un botella de whisky.
Su andar era nervioso, tembloroso, distraído, se halaba el cabello como si tuviera un tic. Miraba a todos lados y a pesar de su belleza, en ese momento nadie la notó. Pasaron quince minutos para que la atendieran, suficiente para que el sudor frío se fundiera con el agua de lluvia. La rubia, con la mirada fija en el reloj, no dejaba de apretar con todas sus fuerzas, su pequeña bolsa de mano; su pulso languidecía de repente, bajaba la mirada, veía sus pies mojados, recordaba entonces el beso que le dio su prometido esa mañana al despedirse. Y temía perderlo, temía que todas sus ilusiones se diluyeran al llegar a la estación del tren.
De que sirve la libertad si toda posibilidad de ser feliz te es arrebatada -pensaba mientras se empinaba el cuarto Bloody Mary en una hora-, sería una simple y vacía ilusión, no serviría para nada. Cuando dieron las cinco treinta dio un suspiro tal, que pudo todavía erizar la piel de los desvelados meseros, que imploraban por llegar a casa, se levantó del banco y puso un billete en la barra. No tenía ya tiempo para miedos o dudas, ya no le era posible regresar los pasos andados, ya nunca volverían los largos veranos en el río, ni los paseos por la playa, mucho menos las tardes en las que recogía por toda la calle principal, la alfombra de flores que caían y bañaban a los transeúntes, eso lo sabía muy bien.
La rubia se escondió tanto en sus pensamientos, que no notó que era observada meticulosamente a lo lejos. Salió del Cabaret de forma atropellada, ignorando los gritos de la cajera que con billetes en mano le pedían regresar para darle su cambio, sorprendida de que alguien olvidara tal cantidad de dinero. La persona que acechaba a la rubia se levantó de forma violenta, dejando la cantidad exacta en la cuenta, emanaba mucha serenidad, aquella que sólo poseen quienes que ya conocen con antelación, los acontecimientos que estarán por suceder.
Caminaba tan rápido como la espesa bruma se lo permitía. Cuando notó que la seguían ya era demasiado tarde, le pisaban los talones. A pesar que la Estación estaba al pasar el callejón, el pánico se apoderó de ella, sentía que sus esperanzas se derrumbaban en sus hombros, su rostro se descomponía y sus ojos olor a miel se llenaban de lágrimas, a cada paso le faltaba el aliento y la fuerza, varias veces estuvo a punto de tropezar.
Al entrar, el tumulto en taquilla le dio unos segundos para que se adelantara a su perseguidor, que había abandonado toda mimetización, llenando de preocupación -debido al inaudito desorden en un lugar público- a algunas señoras mayores, que esperaban en la fila exigiendo guardar las formas. En el andén 14 los pasajeros estaban ya abordando, pero no había señales del prometido de la rubia. El reloj marcaba cinco para las seis, el sol se asomaba entre las nubes, reclamando su lugar en el día, en el tiempo, en la vida de los hombres. Y dos minutos antes del alba, la rubia con ojos color miel se quedaba petrificada al ver que su perseguidor le apuntaba a quema ropa. Sabía el escape había llegado a su fin. Entonces una silueta se le adelantó, protegiéndola del inminente peligro. Su prometido, visiblemente mal herido, sostenía una pistola; quedó frente a frente al atacante, como si fuera una película de vaqueros. Con el brazo que le quedaba libre, la apretó fuerte de la mano. El sonido de las dos pistolas, fue seco, violento, ensordecedor, la rubia alcanzó a tapar sus oídos y cayó de rodillas, lo único que supo con certeza, fue que el tren se alejaba sin ellos abordo.