14 sep 2009
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27 ago 2009
Reforma al sistema electoral
En fechas recientes revivió la vieja discusión sobre la eficiencia y transparencia del IFE, quien pese a los más de 12 mil millones de pesos que reciben anualmente (¿cuántos millones de mexicanos no tienen para comer?), no logran que la democracia que tanto pregonan sea creíble para la ciudadanía, que cada vez está más al pendiente de su desempeño (no sólo para hacer spots o imprimir credenciales) para cuidar los procesos electorales; y para que la democracia deje de estar solo en los papeles de los discursos, o en los periódicos o en las declaraciones de los funcionarios.
Propuesta Uno. Que artistas de la farándula suplanten a la figura (no de acción, sino simbólica o pública) del político. Sustituir el proceso: cambiar el día de los comicios por un reality show de algunos meses de duración. El público votaría por sus candidatos (y los iría eliminando de forma progresiva). A la vez de escuchar sus propuestas de campaña; verían el melodrama de su vida privada, conocerían sus pasiones, sus miedos, sus esperanzas, sus secretos. En un reality lleno de política, intrigas, amor, desafueros, sospechosismos, celos y traición al más alto nivel del teatro shakesperiano. Nota: Usaremos indistintamente el término público, ciudadano, consumidor o electorado; tal y como lo hacen actualmente las campañas publi-políticas.
Beneficios:
1. El ahorro significativo en los costos de campaña. Esto debido a que el público ya conoce a los artistas de la farándula, por lo que esto generaría en un recorte importante al tiempo del proceso electoral y gastos de campaña.
2. Un ahorro en materia de seguridad y logística. Los artistas cuentan con seguridad privada (sus guaruras); y sus managers son eficientes en organizar firmas de autógrafos, conciertos, palenques, comerciales, y demás.
3. Aumento en el número de votantes y con el interés por el proceso electoral. Incluiría un premio millonario otorgado probablemente a un seguidor o militante del artista-político ganador.
4. Por primera vez la vida política del país le importaría al público. Además los programas de chismes han demostrado ser altamente especializados en remarcar los errores (por mínimos y/o circunstanciales que estos sean) hasta el hartazgo mediático, lo que proveería quizá, de una mejor memoria colectiva con respecto al actuar de nuestros gobernantes.
5. Se sustituirían los debates entre candidatos, por un programa de concurso; esto tendría el beneficio de que sabríamos con más certeza que tan capaces son nuestros candidatos; es decir, tendríamos finalmente parámetros objetivos para medir su desempeño; y dejaríamos de estar “esperanzados” a vagas promesas de campaña y discursos que no nos llevan a ningún lado.
6. En cuanto al beneficio ecológico, toneladas de basura electoral no inundarían las calles de nuestras ciudades. Mantas, volantes, gorras, lapiceros, gomas, etece, no se tirarían el día siguiente de las elecciones. Aunque probablemente estos souvenirs serían producidos por el Club de Fans o por los Amigos de...
7. La penetración de las revistas dedicadas a la farándula es mayor que el de periódicos, por lo que más gente estaría informada de manera oportuna y veraz.
11 ago 2009
¿mano dura? contra qué...
Habla sobre la vida en París y el contraste en Irán ( o en este caso, cualquier otro país de América), dice que "el odio viaja en nuestra genética". Al respecto escribió John Steinbeck en 'Las uvas de la ira': "Resultados, no causas. Las causas yacen en lo más hondo y son sencillas: las causas son el hambre en el estómago, multiplicado por un millón". Cualquier otra estrategia implementada (o simulada), es pura propaganda mediática.
24 jul 2009
Cierra la puerta.
La Señora Gorda abrió la puerta y se asomó por el balcón. La brisa movía su cabello teñido color ocre. Las nubes se alejaron con el viento, como si ella las hubiera espantado. El cielo quedó desnudo. Hizo una especie de gruñido, como contestando los ladridos del perro callejero que vigilaba la noche. Yo tenía miedo que éste, al verme, la pusiera en alerta.
Junto estaba el Señor de Lentes, de quien sólo se veía a ratos su silueta ennegrecida cuando se asomaba por la ventana. Estaban casados, pero no dormían en el mismo cuarto. A lo mejor porque en su casa tenían muchos, eso creía yo, porque las señoras en el pueblo decían otras cosas. En la mía todos estábamos en el mismo, bien apretaditos.
El viento arreció, las hojas de los árboles se golpeaban, murmuraron una especie de cascabeleo, como un siniestro aviso de los espíritus. Primero apagó la luz el Señor de Lentes. Unos minutos después la Señora Gorda. Hasta el cancerbero yacía en la quietud del lote baldío de enfrente. Toño me dijo que le chiflara cuando Vero, la hija de los Señores, abriera la puerta para verse con su novio a escondidas; a todos nos gustaba esa niña, su cara, su piel satinada, su cabello negro. Apenas había cumplido quince, y su fiesta fue más grande y costosa que la de nuestro santo patrono del pueblo.
“Es la única hora en la que se puede, sino nos van a ver”, nos dijo Toño muy serio, no sabíamos si estaba triste o enojado. Su mamá se había muerto ese lunes. Y a su papá lo habían encerrado el jueves. Desde ese día no hablaba con nadie, más que para decirnos lo que haríamos. Poquito después de las dos de la mañana se abrió la puerta.
Una bicicleta llegó al mismo tiempo, era Pedro el noviecito de Vero. Se veían a esa hora para poder besarse, porque en el día no lo tenían permitido, las señoras en el mercado decían que eso no era bien visto. El perro callejero se levantó y empezó a caminar hacia mi, las piernas me temblaban, no sabía si chiflar o no, el cancerbero pasó de largo, luego que lo perdí de vista, chiflé.
Entonces llegó Toño y los otros, rodearon a la pareja, mientras yo me quedaba en la esquina, Chemo que estaba junto a él me dijo días después que sus ojos eran tan rojos como el infierno. La niña apenas iba a gritar cuando Toño le partió la cara de una pedrada. Vero cayó al piso. La sangre que salió de su cabeza formó diminutos ríos que fluían entre las piedras de la calle.
El rostro de Pedro fue iluminado por la luna, por la ira y el miedo que se le acumularon en el pecho, pero fue apagado un instante después por otra pedrada que Toño le clavó en medio de los ojos. Decían que pudo haber sido beisbolista, pero desde chico ayudó a su papá en la finca y nunca pudo ir a la escuela ni estar en el equipo.
Mi mamá le dijo a mi tía, al día siguiente, que Vero aún se movía cuando la encontraron, justo al alba. Con el rostro desfigurado murió en el hospital antes de medio día. Pedro falleció mucho antes que eso, con los puños bien apretados, como si hubiera querido pegarle a Toño, aunque ya ni tiempo tuvo.
Ninguno de nosotros volvió a hablar de esa noche. Los señores cerraron sus negocios, la cantina, la mercería, la miscelánea, la farmacia, hasta la nevería; casi todos los habían puesto cuando éste fue presidente municipal. Toño me dijo sólo a mi, que si ellos le habían quitado a su papá cuando lo acusaron con la policía de haberlos robado para poder enterrar a su mamá, porque ni para eso tenían; que entonces él les iba a quitar a su hija.
Después que enterraron a Vero pocas veces salieron de su casa. Toño no regresó al pueblo. Y la Señora Gorda y el Señor de Lentes nunca más abrieron esa puerta.
5 jun 2009
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3 jun 2009
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23 ene 2009
20 ene 2009
me devoro mañana
21 oct 2008
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7 ago 2008
utsuroi
13 may 2008
Un mes sin televisión

La idea surgió entre copas, en una plática con Era[ndy], fue un ejercicio de su maestría en Terapia Gestalt, dejar de ver televisión por un periodo determinado de tiempo. No recuerdo francamente todos los beneficios que había enlistado Era por el simple hecho de ‘apagar’ al medio masivo de comunicación por antonomasia. Siempre fue una idea que me tentó, y dije: ‘pos pa luego es tarde caon, un mes sin ver tele, ni deportes, ni FX…podré?’
La parte buena es desconectarse de los noticieros, que sólo se encargan de desinformar a través de la manipulación de hechos, ofreciendo visiones parciales, sesgadas y a conveniencia de los grupos de poder; omitiendo datos fundamentales, realidade. La voz de la gente es ignorada o acallada por medio de varios instrumentos coercitivos, sólo vemos propaganda a la vieja usanza, notas a modo para hacer quedar bien a políticos ________, la libertad de prensa tan pregonada [sí, a través de la televisión nacional] en los últimos años sólo es una prostituta mediática…una teatralidad expuesta a todas luces.
La televisión ha tomado el papel de educador en muchos hogares; esto se potencia gracias al paupérrimo sistema educativo mexicano, y ante este panorama, es difícil salir del atolladero. Internet es más plural, con la revolución electrónica, la gente empieza a tomar conciencia de que también tiene voz, identidad propia, que no tiene que ser la que le imponen los medios [sí, el duopolio televisivo favorito de México] Aunque es un arma de doble filo, debido a que puede reducir el contacto físico y real. Acorta distancias y tiempo, pero a cambio puede separarnos más allá de eso. Por eso se debe caminar con cuidado por las fronteras virtuales
No hablo de una negación sistemática de los medios, sino de cuestionar los contenidos, ¿qué nos ofrecen, porqué vemos esos programas, qué nos aportan?, ¿simplemente entretenimiento?, ¿qué perdemos?, ¿en qué ocupamos nuestro tiempo?
Si a los grupos de poder les retribuye económicamente que sus mensajes lleguen a públicos específicos, mintiendo, manipulando, esclavizando, y matando; quedan entonces dos opciones: ser más críticos ante los mensajes mediáticos o apagar la televisión.
30 abr 2008
tal vez...
4 abr 2008
Ay estos padrecitos.
29 mar 2008
A dónde vamos?

11 mar 2008
pulpos marinos

Los pulpos marinos se diluían en espirales de trazos musicales, encrespados a través del universo, y los lápices dibujaban sinfonías de risas, como aquella que se perdió en una foto, que se perdió en los años, que se perdió. Irreversibles fueron los segundos en el cuarto vacío, cayéndose a pedazos en las noches interminables, ya no me acompañas más en esta larga caminata por el desierto del eterno retorno, aunque al final de cuentas, hemos llegado solos, apenas unidos por imperceptibles hilos de luz. Ilusiones nada más, voces que narran, en tres actos, fragmentos, paranoias, sabores que se funden vagamente en colores y pláticas que apenas imaginamos, y que olvidaremos al amanecer.
29 feb 2008
5 ene 2008
24 dic 2007
El hombre del traje

25 nov 2007
Postdata
6 nov 2007
la última noche del mes

En punto de las cuatro de la madrugada -apenas cinco minutos después que una lluvia descomunal castigara con una ira lacerante, a los noctámbulos, ebrios y prostitutas de la ciudad-, una mujer entró por la puerta; seis horas antes, todas las miradas de los hombres se hubieran posado en sus piernas, cabello, pechos y ojos, en ese orden; seis horas antes, las mujeres seguirían inventándole defectos, mientras el cantinero intentaría esbozar una sonrisa seductora y ella quizás sin ningún sobresalto en sus pensamientos, ni dolor, ni nada que la pudiera afligir, disfrutaría la noche y reiría hasta caer, sosteniendo en su mano izquierda un botella de whisky.
Su andar era nervioso, tembloroso, distraído, se halaba el cabello como si tuviera un tic. Miraba a todos lados y a pesar de su belleza, en ese momento nadie la notó. Pasaron quince minutos para que la atendieran, suficiente para que el sudor frío se fundiera con el agua de lluvia. La rubia, con la mirada fija en el reloj, no dejaba de apretar con todas sus fuerzas, su pequeña bolsa de mano; su pulso languidecía de repente, bajaba la mirada, veía sus pies mojados, recordaba entonces el beso que le dio su prometido esa mañana al despedirse. Y temía perderlo, temía que todas sus ilusiones se diluyeran al llegar a la estación del tren.
De que sirve la libertad si toda posibilidad de ser feliz te es arrebatada -pensaba mientras se empinaba el cuarto Bloody Mary en una hora-, sería una simple y vacía ilusión, no serviría para nada. Cuando dieron las cinco treinta dio un suspiro tal, que pudo todavía erizar la piel de los desvelados meseros, que imploraban por llegar a casa, se levantó del banco y puso un billete en la barra. No tenía ya tiempo para miedos o dudas, ya no le era posible regresar los pasos andados, ya nunca volverían los largos veranos en el río, ni los paseos por la playa, mucho menos las tardes en las que recogía por toda la calle principal, la alfombra de flores que caían y bañaban a los transeúntes, eso lo sabía muy bien.
La rubia se escondió tanto en sus pensamientos, que no notó que era observada meticulosamente a lo lejos. Salió del Cabaret de forma atropellada, ignorando los gritos de la cajera que con billetes en mano le pedían regresar para darle su cambio, sorprendida de que alguien olvidara tal cantidad de dinero. La persona que acechaba a la rubia se levantó de forma violenta, dejando la cantidad exacta en la cuenta, emanaba mucha serenidad, aquella que sólo poseen quienes que ya conocen con antelación, los acontecimientos que estarán por suceder.
Caminaba tan rápido como la espesa bruma se lo permitía. Cuando notó que la seguían ya era demasiado tarde, le pisaban los talones. A pesar que la Estación estaba al pasar el callejón, el pánico se apoderó de ella, sentía que sus esperanzas se derrumbaban en sus hombros, su rostro se descomponía y sus ojos olor a miel se llenaban de lágrimas, a cada paso le faltaba el aliento y la fuerza, varias veces estuvo a punto de tropezar.
Al entrar, el tumulto en taquilla le dio unos segundos para que se adelantara a su perseguidor, que había abandonado toda mimetización, llenando de preocupación -debido al inaudito desorden en un lugar público- a algunas señoras mayores, que esperaban en la fila exigiendo guardar las formas. En el andén 14 los pasajeros estaban ya abordando, pero no había señales del prometido de la rubia. El reloj marcaba cinco para las seis, el sol se asomaba entre las nubes, reclamando su lugar en el día, en el tiempo, en la vida de los hombres. Y dos minutos antes del alba, la rubia con ojos color miel se quedaba petrificada al ver que su perseguidor le apuntaba a quema ropa. Sabía el escape había llegado a su fin. Entonces una silueta se le adelantó, protegiéndola del inminente peligro. Su prometido, visiblemente mal herido, sostenía una pistola; quedó frente a frente al atacante, como si fuera una película de vaqueros. Con el brazo que le quedaba libre, la apretó fuerte de la mano. El sonido de las dos pistolas, fue seco, violento, ensordecedor, la rubia alcanzó a tapar sus oídos y cayó de rodillas, lo único que supo con certeza, fue que el tren se alejaba sin ellos abordo.
